• miércoles 19 de febrero de 2014 - 12:00 AM

Medios televisivos: gallera de pueblo

A pocas semanas de que se realicen las elecciones generales, estamos viviendo en medio de una guerra de insultos que más parecen los gri...

A pocas semanas de que se realicen las elecciones generales, estamos viviendo en medio de una guerra de insultos que más parecen los gritos de los asistentes a una gallera de pueblo, lo que nos está convenciendo de que los panameños no están apreciando en su justo valor la libertad de expresión que concede esta seudodemocracia. Mañana, tarde y noche vemos por TV, los más procaces insultos.

Los medios televisivos invitan a las mismas figuras desgastadas y sin credibilidad, lógicamente estos políticos no tienen la culpa de la falta de creatividad de los medios, por esa razón sin temor a equívoco el periodismo, en términos generales, está en su más bajo nivel de carácter profesional, en todo el sentido de la palabra.

Un sector de la clase política piensa que aireando los supuestos trapos sucios, en una campaña negativa y sucia, es como van a ganar las elecciones. Están insultando la inteligencia de este pueblo que es pacífico por tradición, pero como dijera Abraham Lincoln que ‘se pueda engañar a la gente una parte del tiempo, pero no todo el tiempo’. Los panameños hemos aprendido mucho de los políticos que no saben llevar un debate de altura y ya pasó el tiempo de la demagogia barata y de prometer lo que no se puede o no se quiere cumplir.

Parece que estos traficantes de la mentira viven en siglos pasados, cuando los pueblos creían en los medios de comunicación social a verdades o mentiras. Entonces, los escribidores a sueldo de ciertos políticos manchaban las páginas de las publicaciones con la diatriba, la calumnia y la injuria.

Pero si leemos nuestra historia o de cualquier país hermano nos daremos cuenta de que no todos los políticos han sido demagogos y corruptos. También los hay que cuando abrazan unos ideales están dispuestos a defenderlos hasta con la propia vida, como ocurría en Panamá a fines del siglo XIX durante la Guerra de los Mil Días, cuando los liberales o revolucionarios de entonces fueron al campo de batalla para defender sus principios y rescatar a la Patria de las garras de los conservadores, las fuerzas retardatarias que intentaban permanecer en el poder por medio del fraude, del miedo, el clientelismo y el soborno.

Los gobiernos dictatoriales emprenden obras colosales a sabiendas de que están empeñando el futuro de nuestros hijos y nietos, con la idea de convencer a la ciudadanía que se interesan por el porvenir de la Patria, pero el pueblo panameño sabe que la gama de colosales edificaciones llevan un trasfondo y es la ‘rebusca’ multimillonaria que hace más rico a los que trafican con nuestro futuro.

Como sentenció el pensador de América José Martí: ‘La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía’.

* PERIODISTA Y CATEDRÁTICO UNIVERSITARIO

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