- martes 21 de abril de 2026 - 12:00 AM
Estamos mareados por tanto castigo
En la esquina roja, con un alcance que asusta y una pegada demoledora, la carestía ha salido a tirar metralla desde el primer campanazo. No es un peleador con técnica, es un fajador que te mete un gancho al hígado cada vez que pasas por la caja del supermercado y un uppercut directo al mentón cuando toca pagar la luz.
Pablo Pueblo intenta cabecear los precios, pero el costo de la canasta básica tiene un juego de piernas superior, dejando al panameño contra las cuerdas y tratando de estirar el dólar para que no le tiren la toalla antes de que termine la quincena.
Mientras tanto, el desempleo se mueve por el cuadrilátero como un fantasma escurridizo que nadie logra amarrar. Por más que la juventud lanza el jab del currículum y la formación técnica, se encuentra con un rival que hace clinch con la falta de plazas reales y una informalidad que golpea bajo.
Las oportunidades parecen reservadas para los que tienen al promotor de su lado, mientras el resto sigue haciendo sparring con el hambre a la espera de una oportunidad titular.
El veredicto de la calle es unánime: la pelea está difícil y el público está perdiendo la paciencia con los jueces. Para que Panamá no termine besando la lona, se necesita dar un giro real y escuchar todas las voces; de lo contrario, seguiremos recibiendo guante.