• martes 22 de junio de 2010 - 12:00 AM

Cuando el poder nos vuelve loco

Cuando se tiene el poder se pueden hacer muchas cosas, algunos hasta sostienen que se puede hacer de todo.

Cuando se tiene el poder se pueden hacer muchas cosas, algunos hasta sostienen que se puede hacer de todo.

En buena parte eso no es tan falso, pero cuando se ha vivido dictaduras y se ha esforzado para que haya democracia, tener el poder no puede ser un alarde de hacer lo que se da la gana, el ejercicio de ese poder que se tiene debe estar sujeto a reglas, pautas, principios, que por lo general están consagrados en la Constitución y las leyes.

Lo que digo suele ser una especie de aspiración y retórica, cuando en un país, donde los efectos deplorables de una dictadura parece que ya se han borrado de muchas mentes, donde democracia, seguridad jurídica, Estado de Derecho, sólo son palabras, expresiones que cualquiera dice o utiliza a su antojo y con el significado de la conveniencia de unos bolsillos o de un interés particular; por eso esas palabras ya casi no significan nada en la práctica y menos para quienes día a día tienen que ver cómo van a poner su paila y sostener un hogar.

Yo también quiero un Panamá como país de primer mundo, pero no soy ingenuo ni menos estúpido, para creer que con ello van a desaparecer los indígenas pobres o los niños hambrientos, que piden dinero por vía Brasil o Calle 50, o que toda persona tendrá trabajo bien remunerado y por ello todos los panameños se darán una vida como estrellas de Hollywood.

Para construir un Panamá de primer mundo, no sólo se necesita obtener buenas calificaciones para la promoción de inversiones, no sólo se necesita tener un ritmo óptimo de crecimiento económico, se necesita cumplir con la deuda social, paralizar el crecimiento de la pobreza, lograr una tasa de empleos dignos salarialmente, hacer de la seguridad jurídica y del Estado de Derecho, reglas supremas que en caso de violaciones, sean radicalmente sancionadas, sean incluso gobernantes. Si no es así, será entonces un país donde un grupo de personas se hará más millonaria y una amplia parte de la sociedad se seguirá comiendo un cable.

Tener el poder hace que las personas demuestren lo que en el fondo son, si tienen arrogancia, si son despóticos, manzanillos, hipócritas, corruptos, es porque siempre lo han sido, si actúan arbitrariamente o con prepotencia, no se sorprendan, quizás nosotros mismos tenemos la culpa.

EL AUTOR ES ABOGADO

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