Mitos y supersticiones se acentúan en Año Nuevo

Los panameños se preparan para iniciar el 2013 con una serie de costumbres, rituales y manifestaciones vernaculares que rayan en el folc...
  • domingo 30 de diciembre de 2012 - 12:00 AM

Los panameños se preparan para iniciar el 2013 con una serie de costumbres, rituales y manifestaciones vernaculares que rayan en el folclor mágico-religioso y festivo.

Los seres humanos temen al cambio y bajo ese temor se han popularizado en Panamá muchas creencias, prácticas y rituales que se transmiten de generación en generación y que giran alrededor del fin de un ciclo e inicio de otro: termina un año y comienza otro.

INICIA EL RITUAL

El 31 de diciembre en la mañana se inicia el ritual con la limpieza del hogar.

Se barre la casa de adentro hacia fuera para que todo lo malo se vaya. Luego se trapean los pisos con una mezcla de siete bandas con despojo, asafétida y limón. La combinación, asegura María González, funciona mejor si se añade añil, un blanqueador que se utilizó mucho en Panamá y que cuesta un cierto trabajo conseguir.

Muchos preparan una mezcla de inciensos con mirra, caraña, romero y hasta canela en rajas y la riegan en la casa. Algunos intentan liberarse de la mala suerte cruzando sobre el sahumerio en forma de cruz, pero lo que consiguen es una reacción alérgica por el fuerte y penetrante olor.

Popularmente se dice que es bueno ir a la playa y meterse de frente al mar y salir de espaldas para dejar todo lo malo. Esta práctica, afirma Héctor López, es mejor si la marea está bajando. Él asevera que desde niño escucha decir esto, pero aún no conoce a nadie, y conoce muchísima gente, que haya practicado este baño de mar o al menos afirme haberse bañado allí en vísperas del Año Nuevo.

Al sonar las doce de la noche, entre el bullicio de los fuegos artificiales, se llevan a cabo muchas costumbres y supersticiones. Una es tener dinero en las manos para que este no falte en el nuevo año.

Otros cuentan las semillas de 12 uvas que comen al iniciarse el nuevo año y procuran comprar el número para el primer sorteo de la Lotería Nacional de Beneficencia. Joan Contreras afirma que si bien sigue fielmente el ritual, siempre se le olvida comprar el número. Asegura que, a veces, ha coincidido con las pepitas que tuvo en sus manos.

Recuerdo que de niño, a las doce en punto, según el reloj de algún miembro de su familia, pues tener la misma hora es un problema para los panameños, se echaba por toda la casa una libra exacta de arroz. Aunque no comprendía la práctica, la disfrutaba bastante. El lío venía cuando había que barrer todos esos granitos del preciado grano, especialmente sacarlos de la alfombra.

La modernidad llegó y mi familia dejó de practicar esta costumbre de fin de año. Hoy, nuestros descendientes ignoran una tradición familiar que nos llenaba de júbilo y que se esperaba con ansias porque era, sencillamente, divertida.

En la mesa de Año Nuevo debe haber racimos de naranjas o mandarinas que fueron comprados a vendedores ambulantes en calles, avenidas y hasta fuera del supermercado. Las espigas de arroz no pueden faltar, pero es una costumbre que hoy se hace más por tradición que por el significado: nuestros mayores creían que estas frutas y espigas harían que no faltara la comida en la familia.

En hogares panameños se solía colocar esta combinación de frutas, espigas y hasta una michita de pan detrás de la puerta principal. Costumbre que ya no se observa.

Hace varias décadas y de manera anónima se inició la costumbre de atar, con cinta roja, un papelito con un número que ‘seguramente’ traerá la suerte a los que lo jueguen en el primer sorteo del año de la Lotería Nacional de Beneficencia.

En un sondeo no científico realizado con más de 40 jóvenes entre 22 y 26 años ninguno atinó a responder la pregunta qué significado tienen los racimos de frutas y espigas de arroz. El 75% dijo que los ven en su casa, pero no sabe por qué están allí, y el 25% no recordó haberlos visto en sus hogares.

Algunos creyentes de nuevas prácticas que no son folclóricas, pero que forman parte de la cultura popular citadina, aseguran que tomar una maleta y dar vueltas alrededor de la casa en los primeros minutos del año trae muchos viajes durante el año que se avecina. Carmen Batista es una de ellas y afirma que la práctica sí funciona. Al preguntarle cómo hace una persona que vive en un edificio, su respuesta fue: Subirse con la maleta sobre una silla y gritar quiero viajar, quiero viajar.

Aunque todos estos ritos, prácticas y supersticiones forman parte de la tradición popular panameña nunca deben reemplazar la costumbre de ir a la iglesia y escuchar la palabra de Dios. Una celebración religiosa que despide un año y da la bienvenida al otro.

El folclor panameño es rico en tradiciones enmarcadas en lo mágico religioso que prometen muchas cosas. Se trata de costumbres populares arraigadas en un pueblo y que jamás deberán reemplazar el trabajo honesto del panameño.