• martes 12 de junio de 2018 - 12:00 AM

El SEÑOR ha escuchado mi llanto

AFLICCIONES, que el SEÑOR ha escuchado mi llanto! 

¿tienes problemas? ¡Ja!, eso es preguntar si la lluvia moja. Por mucho que huyamos, nos escondamos, los ignoremos: los problemas forman parte de la vida. Bien dice la Escritura: ‘en este mundo afrontarán AFLICCIONES'; y AFLICCIONES significa en el texto original: ‘presión, estrechez, angustia –mental o espiritual-, persecución, sufrimiento, opresión'. Es decir, te sientes presionado en el trabajo o en casa o en los estudios, atraviesas estrechez económica, te acosa la angustia, sufres y te oprime la enfermedad, te persiguen tu pasado o hábitos dañinos, etcétera: entonces ‘enfrentas AFLICCIONES propias de este mundo'. Un cuadro similar atravesaba David cuando escribió el SALMO 6:5. Sin embargo, el corazón se me puso chiquitito al ver que David, en medio de su enfermedad, problemas, dolor, culpa y lágrimas, se preocupaba por esto: ‘-¿quién ALABARA a Dios si me voy al infierno?-'. Imagínate, ¡David estaba preocupado por Dios, en vez de preocuparse por la dura circunstancia que atravesaba! Ahora bien, en medio de la tribulación, ¿qué nos preocupa a ti y a mí? ¿Las expectativas de Dios, o las nuestras? ¡Mejor no respondamos! Pero, tengamos la seguridad de que si hacemos como David, diremos como él en el mismo SALMO: ‘¡Apártense de mí, AFLICCIONES, que el SEÑOR ha escuchado mi llanto! El SEÑOR ha escuchado mis ruegos; el SEÑOR ha tomado en cuenta mi oración'. Es decir, ¡el Señor me tiene una solución, una salida, una respuesta, un milagro…si no lo pierdo de vista a Él! ¡ALÁBALO!SALMO 6:5 ‘…en el Seol (infierno)…'