- domingo 03 de mayo de 2026 - 12:00 AM
Cada derecho laboral en Panamá tiene historia. Hace 140 años en Chicago, hombres y mujeres salieron a las calles exigiendo algo sencillo, pero profundo, vivir con dignidad. Además de trabajo, pedían tiempo para vivir y el precio que pagaron fue muy alto.
Hoy esa historia es memoria viva, pero no podemos quedarnos solo en el pasado. El presente también nos habla, y nos exige mirarnos por dentro. Hay avances, pero también realidades que duelen, trabajo informal, desigualdad, jóvenes sin oportunidades y trabajadores que no se sienten representados; ese es un gran desafío.
Debemos hablar con respeto de la historia y con el coraje de reconocer lo que no estamos haciendo bien; porque el verdadero homenaje a quienes lucharon antes que nosotros, es atrevernos a transformarnos para seguir siendo útiles a la sociedad.
El movimiento sindical, motor de grandes conquistas, hoy enfrenta dificultades en el mundo y en América Latina. Se ha perdido capacidad de convocatoria en algunos sectores; existe un alejamiento entre el liderazgo y las bases en las nuevas generaciones y, en ocasiones, predomina la burocracia, olvidando que el centro siempre debe ser el trabajador.
Los nuevos tiempos obligan a entender la economía digital, la informalidad creciente y las nuevas formas de empleo de lo contrario, el resultado es claro: menos organización, menos fuerza colectiva y menos incidencia real.
Las democracias necesitan un sindicalismo activo que escuche, incluya y represente a los jóvenes, a las mujeres, a los trabajadores informales y a quienes hoy no se sienten parte.
En Panamá esta historia también está marcada por la lucha, desde la construcción del Canal y la discriminación del “Gold Roll” y “Silver Roll”, pasando por la Huelga Inquilinaria de 1925 y las luchas bananeras de 1928 contra la United Fruit Company, hasta la consolidación de derechos laborales en el Código de Trabajo de 1972.
Todo ha sido conquistado, nada regalado y hoy no solo recordamos la historia, hay que asumir el compromiso de transformarla; porque la lucha por el trabajo digno no terminó en el siglo XIX, se está escribiendo ahora, y nos toca estar a la altura de este momento.