• sábado 13 de junio de 2026 - 12:00 AM

Constituyente Originaria: ¿Utopía o realidad?

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Contrariamente a las voces agoreras, las fortalezas del proyecto de una nueva Constitución para todos siguen en pie.

Como se señaló desde el inicio con la alfabetización constitucional, se ha logrado, “sin prisa, pero sin pausa”, no forzar el proyecto de golpe para evitar la parálisis política. Se optó por una hoja de ruta extendida que culminará con una nueva Carta Magna, proyectada para entrar en vigencia en el año 2029.

La “Alfabetización Constitucional” tiene su principal fortaleza en que se transformó en un programa pedagógico nacional. Al dictar talleres continuos a la población, funcionarios, gremios y universidades, el proyecto genera consenso desde las bases sociales antes de proponer un articulado definitivo.

El proyecto constituyente cuenta con el respaldo directo, sin injerencia alguna, del presidente José Raúl Mulino Quintero, quien sostiene de manera consistente que el sistema político panameño colapsó y requiere una refundación que rompa el statu quo.

Al ser conducido conceptualmente por una secretaría presidencial y no por la Asamblea Nacional de forma directa, se blinda de las disputas de poder inmediatas que congelan otros anteproyectos de ley.

Ante la “resistencia institucional”, he advertido públicamente la falta de respaldo institucional externo, señalando directamente al Tribunal Electoral como un obstáculo importante en el camino hacia la integración de este proceso.

El dilema jurídico de la convocatoria o gran reto técnico radica en cómo se ejecutará legalmente la misma. Al buscar una constituyente originaria, sectores tradicionales de la política y la empresa privada temen una inestabilidad jurídica transitoria.

Erosión por el desgaste de otros ministerios: Aunque la reforma constitucional camine por su cuenta, la pérdida de capital político del gobierno en otras áreas complejas (como las reformas a la Caja de Seguro Social (CSS) o el descontento sindical) puede restarle fuerza ciudadana cuando llegue el momento de votar por los constituyentes.

Riesgo de manipulación partidista: El escepticismo de la sociedad civil se centra en evitar que los 51 constituyentes ideales terminen siendo elegidos “a dedo” o respondan exclusivamente a las élites económicas y políticas de turno, desvirtuando el carácter democrático y popular del proceso.(Continuará)