• domingo 08 de diciembre de 2013 - 12:00 AM

Nelson Mandela

El jueves 5 de diciembre, regresando de la provincia de Colón, en víspera del Día de las Madres panameñas, cuando todos nos preparamos a...

El jueves 5 de diciembre, regresando de la provincia de Colón, en víspera del Día de las Madres panameñas, cuando todos nos preparamos a celebrar, nos dan la noticia de que ha muerto Nelson Mandela. Inmediatamente entramos en las redes sociales para conocer las reacciones a nivel nacional e internacional, y fue evidente el reconocimiento que la humanidad hace a este extraordinario hombre por su calidad y coherencia de vida. El presidente Barack Obama manifestó: ‘Ya no está con nosotros; ya le pertenece a la historia’.

Su manera de vivir y afrontar las adversidades es su mayor legado para las presentes y futuras generaciones. Recuerdo cuando a nivel internacional se exigía su libertad. Me vienen a la memoria sus libros y documentales que hablan de sus luchas por la igualdad. Cómo no sentir su grandeza. Es impresionante cómo sus allegados se expresan de él; sobre su entusiasmo por la vida.

Fue condenado a cadena perpetua, pero jamás fue doblegado en sus principios y en su lucha contra el apartheid . Esa condena fue dura para sus familiares, amigos y su pueblo, quienes reunidos recibieron la noticia, solo quedaba esperar la pena capital.

Ya en la cárcel, solo podía escribir cartas cada seis meses a sus familiares. En una carta dirigida a su hija Zindi dijo: ‘Hay momentos en la vida en que la gente pierde de vista sus dones más preciosos, las virtudes que le hacen brillar sea donde sea que estén y sea lo que sean sus problemas’.

Ya partió e inicia el largo camino a la libertad por siempre. Hoy el poema Invictus cobra más vigencia que nunca.

En la noche que me envuelve,

negra, como un pozo insondable,

doy gracias al Dios que fuere

por mi alma inconquistable.

En las garras de las circunstancias

no he gemido, ni llorado.

Ante las puñaladas del azar,

si bien he sangrado, jamás me he postrado.

Más allá de este lugar de ira y llantos

acecha la oscuridad con su horror.

No obstante, la amenaza de los años me halla,

y me hallará, sin temor.

Ya no importa cuán estrecho haya sido el camino,

ni cuantos castigos lleve a la espalda:

Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma.

Mandela siempre estuvo dispuesto a pagar el sacrificio por lo que creía. Lo más valioso fue su capacidad de amar a su pueblo, así como perdonar sin distinción, de esta manera unificó a Sudáfrica.

Que su legado inspire liderazgos que se sacrifiquen por los ideales de los pueblos que esperan ser liberados de la opresión, de la desigualdad y de exclusión social. Líderes como Mandela son los que debemos aspirar elegir en Panamá.

* INGENIERA AGRÓNOMA

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