• jueves 04 de agosto de 2011 - 12:00 AM

Mi fiel compañero, el cáncer

Taciturno, cavilando, entre la alegría del recogedor de deshechos, pobre por naturaleza, camino al Oncológico. El rocío de la madrugada ...

Taciturno, cavilando, entre la alegría del recogedor de deshechos, pobre por naturaleza, camino al Oncológico. El rocío de la madrugada humedece mi cabello.

Un reconfortante coloquio sobre la humanidad invade mi pensamiento. Al tenor, llega un correo del amigo Adán Castillo Galástica, destituido de la ARAP, con un mensaje de paz, confianza y el placentero amor a Dios.

Parafraseando el escrito, nos dice: ‘Desde que mi fiel compañero, el cáncer, decidió unirse a mí, no me pierde ni pie ni pisada, de noche ni de día’.

Cuenta, sosegado, que en su pasar por la vida con la enfermedad incurable, y sus asistencias, por muchos años, al Instituto Oncológico Nacional ha compartido con personas que mantienen el mismo padecimiento: cáncer.

‘Soportar la enfermedad no es fácil. Algunos se dan por vencidos, acogidos por los malestares que produce la misma o ciertos tratamientos. Varios me han comentado sobre su calidad de vida, considerando que para vivir así, mejor es morir.

A los que se encontraban en esta situación, algunas veces me atreví a decirles que no sabía qué admirar más, si su cobardía a no someterse a los medicamentos o tratamientos, que si bien podían causarles algunos malestares, también nos prolongaban la vida, o si admirar su valentía a dejarse morir.

Debemos tener presente que mientras hay vida, hay esperanzas. Esperanzas de curarse mediante el descubrimiento de algún medicamento que diera fin a este flagelo o un milagro de nuestro Divino Creador.

Mi caso con esta enfermedad no representa una desgracia, porque me enseñó a ver la vida en otro sentido.

Durante la convalecencia, seguí probando el néctar de la felicidad, al mantener una convivencia más estrecha con mi familia y verdaderos amigos. Dios me ha brindado otra oportunidad de vida, aun en estas condiciones’. El mensaje finaliza con un juramento.

‘Juro ante Dios, la Patria, los oncólogos y mi familia, cumplir fielmente todas las indicaciones que nos ofrecen los médicos, en cuanto a tratamientos y cirugía se refieran, pues están basados en estudios y conocimientos, cuyos resultados nos prolongan la vida y que, en caso de ser infructuosos, entonces saber aceptar la voluntad de Dios’.

Gracias Señor, por permitirnos compartir este mensaje. Dios te salve, Panamá.

EL AUTOR ES COMUNICADOR SOCIAL

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