• viernes 19 de septiembre de 2014 - 12:00 AM

Un círculo cero que gira y no para...

Cuando el desarrollo se produce a través del esfuerzo y del trabajo, se generan riquezas para todo un país

Mientras algunos politiqueros tratan de insinuar a través de las redes sociales la idea de una desaceleración económica en Panamá, la óptica internacional revela una panorámica totalmente distinta. La sola idea de insinuar que lo anterior en términos de administración pública, es la forma correcta de dirigir las finanzas del Estado, es desconocer los preceptos morales que garantizan la paz social de una nación.

Muchas veces creemos que la decencia es un valor y no una necesidad. Cuando a un funcionario se le exige cumplir sus responsabilidades con honestidad, no es por un asunto ético. El contrato social de una nación consiste en que todos podamos vivir sobre un mismo territorio con oportunidades.

En la escala entre ricos y pobres existe un límite de tolerancia, cuando este es superado abruptamente por la corrupción estatal, comienzan a darse los desajustes sociales que terminan degenerando la calidad de vida de toda la población que comparte el mismo pedazo de tierra.

Cuando el desarrollo se produce a través del esfuerzo y del trabajo, se generan riquezas para todo un país, sin embargo, cuando se producen nuevas fortunas personales mediante la coima, el tráfico de influencia y el abuso del poder durante una administración de gobierno, solo se hace rico el político corrupto y el empresario ladrón. El resto del país deja de percibir el bienestar colectivo y se reducen las oportunidades.

Hacer empresa es generar riquezas a través de los tributos, de la generación de empleo y de las inversiones; mientras que crear una estructura de negociado, no es más que montar una fachada, facturar sobrecostos y transferir la coima. Es una operación sencilla que hace que el dinero de todo un país, quede en manos de unos cuantos.

Luego, compramos patrullas, armas, radares y todo tipo de chécheres para combatir la delincuencia, pero lo que en realidad hacen los políticos corruptos y los empresarios ladrones, es ponerle otro sobrecosto a la necesidad que ellos mismos crean.

*Periodista

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