- martes 23 de junio de 2026 - 12:00 AM
Abajo en las tarjetas desde el primer asalto
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Agrega El Siglo en Google ↗️Pablo Pueblo arranca el día contra las cuerdas desde las 5:00 de la mañana. El transporte público en Panamá no es un paseo de caballeros; es una pelea a doce asaltos contra un rival que no da tregua. El usuario promedio comienza su jornada amarrado en el cuadrilátero del tráfico, perdiendo por decisión unánime antes de llegar a la oficina.
El verdadero combate se vive en la calle, una lona congestionada donde el cuello de botella es el réferi. El sistema de transporte se mueve con las piernas pesadas: frecuencias lentas que parecen ganchos al hígado de la paciencia y unidades llenas hasta el límite del nocaut técnico. El usuario esquiva como puede, fajándose en paradas improvisadas bajo el sol o el aguacero, mientras las autoridades ensayan fintas institucionales, promesas de carriles exclusivos y subsidios que se quedan en la sombra, sin conectar el golpe definitivo.
Para salir de las cuerdas, la movilidad en el país necesita un cambio de estrategia urgente, un jab de planificación pura. No basta con parchar el ring; se requiere una esquina inteligente que ponga en cintura la informalidad sin dejar a pie al fanático. Si Panamá quiere levantar los brazos en señal de victoria, urge un plan integral que mande a la lona el juega vivo y la ineficiencia.