El grito que trajo libertad

El 10 de noviembre de 1821 en la Villa de Los Santos, don Segundo de Villarreal, un gamonal criollo de gran prestigio popular, reúne en ...
  • sábado 10 de noviembre de 2012 - 12:00 AM

El 10 de noviembre de 1821 en la Villa de Los Santos, don Segundo de Villarreal, un gamonal criollo de gran prestigio popular, reúne en las afueras del pueblo, debajo de un árbol de tamarindo, a centenares de voluntarios que ya había preparado y armado para la liberación.

Es en este momento cuando aparece, según algunos historiadores, la figura de la controversial Rufina Alfaro, una moza campesina oriunda de La Peña.

La tradición oral señala que Rufina era una hermosa mujer de tez blanca que se dedicaba a vender alimentos a las tropas españolas. Se dice que esta joven tendría —en esa época— entre 17 y 22 años.

Se rumoraba que Rufina mantenía una relación amorosa con un capitán del ejército español, razón por la cual le era fácil enterarse de algunas actividades del cuartel. Por ello, según algunos registros históricos, don Segundo de Villarreal la llama y le explica su plan de tomarse el cuartel, evitando al máximo el derramamiento de sangre, pues los pobladores de La Villa habían decidido no seguir gobernados por los españoles.

La misión de la joven era descubrir qué hacían los soldados y en qué situación se encontraba la guardia. Rufina entró silenciosamente en el cuartel. Todo estaba tranquilo. Escuchó a un sargento decir: ‘Estas armas, mi teniente, no sirven para nada y la pólvora está húmeda. Si nos atacan los pardos, nos cogen como ratón en la trampa’.

Rufina, de inmediato, llevó la información a don Segundo, quien —junto a los patriotas— aguardaba debajo del árbol de tamarindo; la joven relató detalladamente lo que había visto y escuchado. Don Segundo ordenó a los conspiradores marcharse hacia la ciudad y rodear el cuartel. Así se lo tomaron y apresaron a toda la tropa española, que no pudo poner resistencia.

Todo un festín se celebró en La Villa; de inmediato se convocó a un cabildo abierto.

El padre José María Correoso, vicario, mandó a tocar las campanas, acompañadas de los gritos de independencia. Así fue anunciada la independencia en La Villa de Los Santos, primera ciudad de todo el Istmo en proclamarla. Estos hechos, recogidos por los historiadores, fueron registrados por la tradición oral, de allí que haya discrepancias sobre algunos aspectos de lo acontecido.

El Grito de La Villa de Los Santos es un acontecimiento que aún no hemos apreciado en su justa dimensión, como declara el historiador Bonifacio Pereira: ‘Está condensada en ese grito la protesta de un pueblo por la esclavitud y el vasallaje de más de tres siglos. Es el eco del dolor del indio en centurias de coloniaje, las cicatrices en la carne del negro esclavizado, la ausencia de derechos del mestizo y el mulato y la protesta del criollo frente a la arrogancia absolutista de la autoridad monárquica. Quiérase o no, en el Grito de La Villa están las raíces de nuestra nacionalidad republicana y a él debemos acercarnos en las horas nubladas de la Patria. Busco, sin encontrar, una fecha más limpia que ese 10 de Noviembre.

Para el empresario santeño Omar Palma Rodríguez, el 10 de noviembre de 1,821 representa una de las fechas más significativas de nuestra independencia, y Rufina Alfaro (toda leyenda tiene algo de verdad) es el espíritu de libertad que nos enaltece a todos. Hoy nos toca a los panameños celebrar con orgullo y dignidad la gesta de los héroes santeños.

¡Que viva Panamá en su 191 años de independencia!