Una campeona súper completa
- viernes 03 de abril de 2026 - 3:38 PM
Mi abuela, Rafaela Carrillo de Escala (1920–2026), cada vez que sonaba el campanazo ya estaba en su esquina: la sala de la casa, firme frente al televisor, lista para ver cada pelea de la función, incluso cuando la noche se iba al límite.
Seguía de cerca la carrera del “Tigre de Colón”, Ismael Laguna, y vibraba con cada combate de su favorito, Roberto Durán, sin perder detalle, como toda una conocedora del oficio.
Nunca olvidó las grandes hazañas de “Mano de Piedra”: sus combates ante Ken Buchanan, Sugar Ray Leonard, Davey Moore y otros grandes nombres. Pero también estuvo en los reveses, como ante Marvin Hagler y Thomas Hearns, porque entendía que la lealtad también se prueba en los momentos difíciles.
Con la precisión de una historiadora, evocaba cada capítulo de Durán, a quien incluso llegó a conocer en la recordada La Tasca, junto a mi tía Berta, cumpliendo uno de sus grandes sueños.“Fui a la de Suzuki y Kobayashi en el Gimnasio Nuevo Panamá”, decía con un entusiasmo intacto, como si fuera la noticia del día.
En cada K.O. espectacular soltaba su clásico: “¡pa’l piso, carajo!”, un derechazo cargado de humor que hacía temblar la sala.
Guardaba recuerdos de Rocky Marciano y también de su tocayo del séptimo arte, Rocky Balboa, interpretado por Sylvester Stallone, a quien una vez, en plena sala de cine, le gritó sin reservas: “¡Sácasela, Rocky, no te dejes!”, como si desde su butaca también estuviera en la esquina dando indicaciones.
Sobre el ring de la vida tenía un estilo inteligente: sabía manejar la distancia ante los golpes duros, peleaba limpio, sin amarres innecesarios y, sobre todo, nunca tiró la toalla.
El boxeo —y esa forma de guiar, como toda buena entrenadora— fue la bata que nunca se quitó, permitiendo que a su esposo, hijos y nietos jamás se les apagaran las luces.
Su disciplina, el amor por lo que hacía y un trabajo incansable le permitieron mantenerse en pie a lo largo de 105 asaltos como esposa, madre y abuela.
Ganó cada round con técnica, con una disciplina de terciopelo y un apoyo constante al prójimo. Y así, cuando la jueza llamada vida anotó el resultado en las tarjetas, el veredicto fue claro: decisión unánime.Inquilina eterna del Salón de la Fama.Una campeona de múltiples categorías.