El asalto de Enrique Morgan a la ciudad de Panamá en 1671 III Parte

El ataque de Enrique Morgan estuvo precedido por varios intentos de reducir a cenizas el baluarte más deseado de los piratas y corsarios.
  • viernes 01 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

El ataque de Enrique Morgan estuvo precedido por varios intentos de reducir a cenizas el baluarte más deseado de los piratas y corsarios. La derrota del gobernador Juan Pérez de Guzmán se debió a varios factores, entre ellos la omisión de las recomendaciones de Juan Bautista Antonelli en carta de 10 de febrero de 1591 en que propone mudar la ciudad. Además de otros factores, entre ellos, la falta de murallas o defensa, la pésima organización militar para proteger la ciudad y la escasa artillería. No existe justificación que exonere tal derrota, porque desde el 15 de diciembre de 1670, el gobernador Guzmán estaba enterado de que los ingleses habían salido de Jamaica para tomar Cartagena o Panamá. En dicha misiva escribió: ‘aunque viniesen seis mil hombres los había de deshacer'. (Carta Guzmán p 174)

Morgan asaltó con saña y vulneró toda oposición a su paso al entrar por la costa caribeña. Atacó el fuerte San Lorenzo, defendido por Pedro de Elizalde y Urzúa, a él le cabe el mérito de llegar al más alto sacrificio. Antes de ser arrollado por Morgan gritaron cinco veces victoria. Y cayó fulminado de una bala en la cabeza, los que no fueron abatidos se tiraron a un acantilado para morir. Exquemelig, médico de Morgan, escribió que los españoles, antes de ser derrotados, gritaban: ‘Vengan los perros ingleses, enemigos de Dios y del Rey'. (p. 168) y para la toma final de la fortaleza atacaron los piratas ingleses ‘con mosquetes, picas, piedras y espadas'. (p. 170) Luego de diezmar a los españoles, continuaron su marcha a pie forzado, a pesar de estar los piratas desfallecidos, se estacionaron en una choza e ‘hicieron gran banquete' con los sacos de cuero que encontraron.

Avanzaron los piratas a pie de fuerza y en el camino, a pesar de que estaba lleno de tropiezos, se sentían invencibles. Luego de cruzar el río Chagres, los intentos que realizaron los españoles para detenerlos fueron fallidos. En especial, la avanzada castellana les fue imposible articular una estrategia que detuviera a los piratas. Actos de vergüenza militar se dieron y sobre todo los del capitán Luis del Castillo Carrillo y del sargento mayor Francisco González Salado y Simón González, quien, en el momento preciso del enfrentamiento, huyó de la plaza, y el mayor González Salado escapó en una de las naves que se encontraban en la bahía.

Con el objetivo estratégico de enfrentar a los piratas, las tropas españolas, luego de detener su avanzada, salieron en persecución. Respondiendo los piratas con otro contingente, fueron barridos 100 españoles por una ráfaga de disparos. El desastre se dio en Matasnillos y se observaban cuerpos mutilados y heridos por doquier sin lograr asistencia e imposibilitados los españoles de retomar las defensas y trincheras perdidas.

Según Exquemelig, el cronista de la batalla, ‘A las dos horas de combate, la mayor parte de la caballería española estaba destruida, casi todos muertos y el resto se escaparon, visto lo cual por la infantería, sin esperanza de encontrar medio para vencer, dispararon las cargas y que sus mosquetes tenían y la arrojaron al suelo'. (p. 182) Una hora más, los españoles entregaron la plaza. Ya Juan Pérez de Guzmán había dado la orden de explotar la reserva del pólvora y el fuego se propagó por toda la ciudad. Al entrar las fuerzas de Morgan, se dedicaron entre ‘las cenizas buscaron con diligencia algunas alhajas de plata y oro; que por fortuna no se hubieran consumido. Hallaron bastante en diversas partes y en pozos donde los españoles las habían escondido'. Los piratas llevaron a cabo el saqueo y tortura con el fin de obligar a los pobladores a entregar las fortunas. Los religiosos y las mujeres no fueron bien tratados. Estas fueron violadas. Tal como lo informa Exquemelig: ‘sino cuando se entregaban a las libidinosas demandas y concupiscencias de los piratas'. (p. 189) Los piratas encontraron a un señor mayor en una casa probablemente un criado y le preguntaron los piratas ‘donde estaba el cofre…. Al viejo no responder lo torturaron le estropearon los brazos, de tal modo… se lo descoyuntaron… le agarrotaron una cuerda a la cabeza, tan apretada, que casi le hicieron saltar los ojos… no le era posible responder le colgaron de los testículos'. (p. 189)

La anterior descripción es una expresión mínima de la furia desatada por los piratas. Los intentos de detener a Morgan antes de que entrara a la ciudad, entre ellos, en Guayacal. Ni los toros que le lanzaron a los piratas y menos la pobre maniobra de indígenas flecheros fueron suficientes para apaciguar la embestida.

Morgan se hizo de un cuantioso tesoro y logró capturar a 600 rehenes en la ciudad y los que se escondieron en los montes. Fracturada la sociedad colonial y sus cuantiosas pérdidas, lo demás es historia.