- viernes 01 de mayo de 2026 - 12:00 AM
Al ver en cualquier plataforma de redes sociales a un funcionario haciendo propaganda política, las primeras interrogantes que surgen son: ¿A qué hora trabaja ese burócrata y quién paga ese tiempo empleado en autopromoverse?
Resulta fastidioso y de mal gusto, ver las tomas fílmicas en primer plano de las alcaldesas de San Miguelito y Arraiján, y de los alcaldes del distrito capital y La Chorrera repitiendo estribillos cansones e insípidos tales como “Hola mi gente, qué tal mi pueblo” hablándole a cuatro seguidores políticos también empleados del gobierno pagados con nuestros impuestos.
Ni hablar del maquillaje y las poses que adoptan creyendo que están posando para un reinado de belleza o una película de Hollywood.
¿Dónde están las obras, salvo una cuadrilla de macheteros cortando la hierba o recogiendo basura que debe ser tarea, sin tanto bombo, del Municipio?
Peor aún, ahora hasta los directores regionales se han contagiado de ese culto a la personalidad que lo que hace es ganarse el rechazo de la comunidad que con sus impuestos sostiene a una maquinaria improductiva y de haraganes.
Ya no hay una fiesta, feria o cualquier evento festivo donde suene una lata donde no aparezcan esas murgas a “venderse” como los más trabajadores con celular y micrófono en mano.
Presidente, dígales que quien quiera hacer política desde ahora, que saque de sus jugosos salarios y bienes personales.