- viernes 31 de julio de 2026 - 12:00 AM
Un tinglado en el que se respira temor
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Agrega El Siglo en Google ↗️La campana suena todos los días al amanecer en las calles de Panamá, pero aquí no hay cinturón de campeón en juego, sino la pura supervivencia. La inseguridad se ha subido al cuadrilátero nacional con un alcance devastador, poniendo a la ciudadanía contra las cuerdas desde el primer round.
Entre asaltos relámpago en el transporte público, robos a mano armada y balaceras que retumban en los barrios, el panameño ya no camina con tranquilidad; esquiva ganchos, cabecea la incertidumbre diaria y hace un esfuerzo sobrehumano para que la violencia no lo mande a la lona antes de terminar su jornada laboral.
El gran dilema es que este rival no respeta el boxeo limpio: pega debajo de la cintura y ataca a traición.
Mientras tanto, en la esquina de las autoridades, los planes de seguridad parecen las instrucciones de un entrenador confundido que vacila sobre qué estrategia aplicar. Se anuncian jabs de prevención y uppercuts de mano dura en las ruedas de prensa, pero sobre el encordado la realidad es otra: las patrullas suelen llegar cuando el nocaut a la tranquilidad del vecindario ya se ha consumado y el hampa camina el ring levantando los brazos con total impunidad.
Es urgente que se reordene la esquina, ajuste la guardia con presencia efectiva de los agentes y aseste golpes certeros a la estructura del crimen organizado.