Hay muchos que aún estando en la ciudad añoran sus pueblos y esa pudiera ser fácilmente una historia de la “tierra que jala”; sin embargo, hay otras condiciones que bien vale ponerlas sobre el tapete y son las consecuencias de evitar puntos sobre las “íes” con respecto a ocupación de tierras, ya sean cedidas y hasta “prestadas” sin acuerdos en blanco y negro, que con el tiempo suelen pasar de escenarios de ensueño a verdaderas pesadillas.
Son circunstancias recurrentes. Desde aquel ser que, con buena fe, cede un área a una amistad o familiar cercano “de boca” sin papeles de por medio o aquel que desempeña faenas en el área y se queda en ella, con conocimiento del dueño, pero en iguales circunstancias, es decir, arreglos verbales sin sustento legal.
Es oportuno entonces desde ya revisar y arreglar este tipo de acuerdos para evitar situaciones que, generen dificultades no solo en lo material sino también en las relaciones interpersonales entre quienes han tenido a bien “pactar” o llegar a acuerdos de esa naturaleza pero que, ante la ley y la justicia, requiere del aporte sustancial del mismo, aplicando aquello de “cuentas claras, chocolate espeso”.