• martes 01 de abril de 2025 - 12:00 AM

Tatuajes, prejuicios y la doble moral

Me cuesta creer que en Panamá todavía haya gente que se alarma por los tatuajes y es como si viviéramos en una burbuja donde la tinta en la piel define la preparación de una persona, mientras que los de saco y corbata se salen con la suya robándose millones.

Es la misma historia de siempre: juzgamos a la gente por su apariencia y no por sus acciones y esto no es solo un problema panameño. En Estados Unidos, bajo la administración de Trump, cientos de venezolanos fueron deportados simplemente porque tenían tatuajes que “parecían” de pandillas; algunos llevaban coronas, estrellas o el número 23 de Michael Jordan, pero eso bastó para que los mandaran de vuelta a su país, sin pruebas concretas de que estuvieran involucrados en crimen alguno. Algo que me parece totalmente absurdo.

El problema aquí no es el tatuaje, sino el prejuicio que arrastramos desde hace décadas. A muchos aún les cuesta entender que un tatuaje no define a nadie. Hay doctores, abogados, profesores y hasta políticos tatuados que llevan una vida profesional impecable. En cambio, los verdaderos delincuentes no siempre llevan tinta en la piel; muchos se pasean con traje y corbata, firmando contratos fraudulentos y vaciando las arcas del Estado.

En Panamá, todavía vemos casos de gente que pierde oportunidades de trabajo por tener un tatuaje visible.