Árbol malo no da fruto bueno. Para cristianos, un pasaje del Nuevo Testamento. Para los comunes, una verdad de a puño. Ese árbol es la Asamblea.
Ocurrió lo previsible. Todo el período anterior de sesiones, diputados de las bancadas “más de lo mismo” y los de Vamos-Moca, estuvieron diciendo que venía la reforma al Reglamento Interno que ha permitido todo tipo de truculencias, harto conocidas, en el manejo del Órgano Legislativo.
Cómo me apenan los ilusionados de Vamos-Moca que creyeron en gente de la peor ralea. Durante sesiones de Comisión de Gobierno, invirtieron horas y horas, porque creyeron que los tigres se vuelven vegetarianos. Terminaron el primer debate en Comisión, arribando a consensos sobre unas reformas potables, supuestamente para todos, para mejorar el susodicho Reglamento. Lo pasaron a segundo debate y ardió Troya. Aparecieron modificaciones que volvieron, lo consensuado, en uno peor del vigente. Así lo aprobaron en tercer debate y hoy está para sanción presidencial.
Han surgido propuestas de ciudadanos potables en sentido que se le pida la Sr. Mulino que vete esa ley. El camino tiene dos avenidas: vetarlo o sancionarlo. Soy de la tesis que lo vetará. Así queda vigente el que se quería reformar. Los pillos felices y los potables frustrados, junto a muchas almas ingenuas que creyeron que los pillos se convertirían en decentes.
Insisto, señores Vamos-Moca: su accionar como diputados no pasa por tratar de convencer a diputados politiqueros a enmendar pasos. Ahí pierden tiempo y prestigio porque un pueblo poco conocedor de política está observándolos y ante la burla de que han sido víctima por colegas politiqueros, los verán como “más de lo mismo”. Además, ya han perdido compañeros que tuvieron hace 2 años porque las mieles del poder son tentadoras y se les separan. Démosle el beneficio de la duda a algunos de los idos: se confundieron. Lo que termina dificultando orientar al pueblo potable, lo que es necesario para rescatar Panamá.
Viene la mina y la constituyente mediatizada, en combo similar a comida chatarra. Solo les queda organizarse con el pueblo potable, ganar confianza, hoy rebajada y enfrentar a la Empresa Criminal que, cambiando caras, ha gobernado los últimos 58 años.