• jueves 24 de septiembre de 2026 - 12:00 AM

El trazo, la peor pesadilla del autócrata

Frente a la altilocuencia del poder, a sus pedestales de utilería y a sus discursos diseñados para inflar el ego de dictadorcillos, la tinta de un caricaturista no necesita gritar: le basta con apuntar y sonreír con sarcasmo.

El caso de Vladdo (Colombia) nos recuerda la paradoja del despotismo: un gobierno puede controlar ejércitos, presupuestos y cadenas de televisión, pero se desmorona de vergüenza ante un dibujo. Con cuatro décadas de trayectoria, el creador de la mítica Aleida y fundador de Un Pasquín se ha consolidado como un ícono del periodismo gráfico y una amenaza cotidiana para la soberbia oficial. Vladdo no dibuja para entretener; ejerce la caricatura como un observatorio de interpretación de la realidad, una columna de opinión visual que desarma el relato oficial.

Su reciente salida de Noticias RCN, donde publicaba la sección Los Trazos del Poder, confirma que el verdadero castigo del tirano ocurre cuando la crítica le devuelve congelada su propia vanidad. Para su caricatura, Vladdo no trazó ni una sola línea nueva: se limitó a congelar un fotograma oficial del presidente Abelardo De La Espriella entre cadáveres y lo tituló “La foto de una derrota”. Ese acto desnudo de encuadrar la realidad bastó para desatar la furia del régimen. Cuando el poder no soporta su propia cara en pantalla, decreta la decapitación del mensajero.

Esta epidemia de intolerancia no reconoce fronteras. Las denuncias del costarricense Mecho sobre la silenciosa asfixia a la libertad de prensa en su país dialogaron de frente con la realidad colombiana, durante la Expo Cartoon Panamá. Celebrado a las faldas del Cerro Ancón, en la sede del Tribunal Electoral, este encuentro reunió a figuras del humor gráfico de México, Colombia, Costa Rica y Panamá para evaluar las obras del concurso internacional dedicado al Canal, demostrando que la soberanía también se piensa y se defiende a punta de lápiz.

Bajo la firme y lúcida batuta de Hildebrando Sucre, el colectivo Cartoon Panamá erige un faro indispensable de resistencia regional. Que tiemblen los censores de turno. Mientras existan Vladdo y plataformas como la de Hilde, ningún decreto podrá silenciar la risa libre de los pueblos.