Líderes, estadistas y estrategas militares abrazan la guerra como símbolo de hegemonía, imposición de ideas, doctrinas, políticas e ideologías; sin embargo, estas acciones propias de la barbarie traen una serie de repercusiones para la humanidad que van desde dolor, hambre, destrucción y miseria.
Las cifras sobre devastación que causan los conflictos bélicos son escalofriantes sobre todo el impacto que tienen en niños, mujeres, adultos mayores y civiles que no tienen nada que ver con las decisiones y políticas de los gobiernos.
Infantes de todas las edades se han constituido en víctimas inocentes de la guerra. Nada más tenemos que ver los informes del Fondo de las Naciones Unidas para Infancia (UNICEF), que señalan que durante el período comprendido entre 2005 y 2022, hubo más de 120 mil niños muertos o mutilados en conflictos bélicos alrededor del mundo.
Los estudios realizados por UNICEF evidencian que una gran cantidad de estos niños no fallecen como consecuencia directa de los misiles, balas o bombas, sino por hambre, falta de atención médica, desplazamiento y enfermedades de todo tipo, pero advierte que las cifras de dolor y muerte pueden ser mayores.
Las estadísticas de fallecimientos, destrucción y pobreza extrema que ocasionan las guerras, entre las diferentes naciones y pueblos, impactan emocionalmente hasta el más fuerte de los seres humanos y despiertan ese sentimiento psicológico de no poder hacer nada ante la trágica situación.
El Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz, dio a conocer un informe en donde señala que, en el año 2024, el gasto militar mundial alcanzó 2, 7 billones de dólares a raíz de las confrontaciones bélicas, exceptuándose cifras correspondientes a los años 2025 y 2026.
Así como se propagan diariamente las acciones armadas alrededor del mundo, muy pronto se superará el costo económico que tuvo la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), que fue de entre un (1) y cuatro (4) billones de dólares, siendo por ahora el conflicto más caro de la historia.
Si los gobiernos gastaran aunque sea un 50 por ciento de estos dineros para atender las necesidades básicas de la población como: educación, salud, alimentación, agua potable, empleo y vivienda, hoy día no existiera la pobreza y la inequidad social, flagelos que azotan diariamente a millones de personas.
La paz y la convivencia armónica entre los seres humanos, sin distinción de religión, ideologías, sexo, edad o raza constituyen el camino que la sociedad debe seguir para construir un mundo más justo y verdaderamente feliz. ¡No a la guerra!, ¡Sí a la Vida!