- domingo 18 de enero de 2026 - 12:00 AM
Por: Felix A. Vanegas M.
En estos días, mucho se habla de la basura y su recolección, un tema importante de salud pública que requiere eficiencia y responsabilidad por parte de las autoridades. Sin embargo, quiero referirme al otro actor principal de este problema: quienes generamos los desechos.
Cada país va creando su propia cultura ciudadana en el manejo de la basura, y ejemplos positivos abundan. Austria, por ejemplo, construyó una cultura de separación en origen y un mínimo de desechos en vertederos, logrando que el 96% de sus ciudadanos clasifiquen correctamente sus residuos. Alemania también destaca por la clasificación y el reciclaje desde casa, aunado a la participación comprometida de la población.
Japón, por su parte, combina respeto, disciplina, tecnología, separación en diez categorías y grupos vecinales que vigilan el cumplimiento. Además, Tokio supera el 80% de reciclaje. Suecia, considerado uno de los mejores modelos, convierte la basura no reciclable en energía para más de un millón de hogares. Cuando la ciudadanía coopera, todo funciona.
En Panamá esto solo será posible si asumimos cada uno nuestra parte, creando cultura ciudadana con hábitos como clasificar, no tirarla en la calle ni desde el auto, manteniendo limpio el frente de nuestras casas y comercios, denunciar las malas prácticas y apostar por el reciclaje.
Como vemos, la basura no aparece por arte de magia; nace de nuestras acciones diarias. Exigir a las autoridades ayuda, pero no basta: asumir responsabilidad es lo que realmente transforma. Si queremos un Panamá más limpio, requiere que cada uno dé el primer paso.