- sábado 05 de agosto de 2023 - 9:20 AM
Hablemos de las petroladas sobre Panamá
Gustavo Petro no es un presidente cualquiera. Con independencia de su ideología es un hombre conocedor de la historia colombiana y también de la universal. Por lo menos, palabras más, palabras menos, el expresidente Álvaro Uribe dijo, luego del triunfo de Petro: “Estamos frente a una persona de izquierda diferente, preparada.” En varias ocasiones este presidente colombiano se ha referido a Panamá con palabras que son calificadas en el istmo como un irrespeto. Primero fue sobre la construcción de una carretera que una al continente. Lo que una vez fue el tapón de Darién, es el único trecho selvático que impide la interconexión entre el Sur con el Norte a través de una vía terrestre. Tanto su canciller como él, han dicho que cualquier tema de esa naturaleza debe ser consultado con Colombia. Es más, en una ocasión su canciller Álvaro Leyva Durán se refirió de Panamá como un departamento de Colombia. Y para rematar, en el escudo de Colombia está el istmo de Panamá. Se han hecho varios esfuerzos legislativos, desde 2008 para modificar ese símbolo colombiano. Revisé varias informaciones que se refieren al escudo de Colombia y en todas aparece este emblema con el istmo de Panamá. No tengo una referencia certera sobre los resultados de los esfuerzos por cambiarlo. De repente eso ocurrió y no lo he descubierto. Sé que Panamá le solicitó a Colombia la modificación de su escudo desde 2002. En 2008 la Comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Representantes de Colombia aprobó eliminar al istmo de Panamá, para reemplazarlo por las islas del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Según investigaciones este intento se quedó en eso. Si alguien tiene información más actualizada agradeceré el envío.
Después, en los actos recordatorios de la independencia de Colombia el 20 de julio, los cuales se celebraron en la isla de San Andrés… Petro dijo: “Se nos olvidó la historia, la indolencia con que la se trabajó desde el mundo político y gubernamental, el perder una de las zonas más ricas de Colombia, hoy lo sabemos, mientras nosotros los colombianos en aquella época nos matábamos entre si entre liberales y conservadores en las montañas andinas, perdíamos el Canal de Panamá, perdíamos Panamá, perdíamos nuestra presencia en Centroamérica, perdíamos el territorio que nos comunicaba desde el centro del mundo con los dos océanos más grandes y con los dos grandes centros del poder económico y político mundial de hoy.”
De todos estos comentarios, para este servidor, el más problemático y que amerita una censura fue la expresión del canciller colombiano cuando se refirió a Panamá como un departamento de Colombia. El presidente Gustavo Petro pidió las excusas por este yerro de su canciller y el mismo ministro se retracto en una respuesta diplomática dada a Panamá. Por lo demás, considero que hemos hecho un escándalo innecesario sobre las referencias históricas hechas por el mandatario colombiano en la isla de San Andrés. Este territorio también tuvo un litigio largo con Nicaragua. Incluso hay quienes sostienen la tesis de que no le pertenece a ninguno de esos países, que la verdadera nación con ese derecho se llama Panamá. El hecho que Petro lamentara la pérdida de Panamá tiene su validación en la historia.
Después de la independencia nos unimos, de forma voluntaria a Colombia. Fueron varios los años en que se nos trató como departamento, debido a las iniciativas de unión, pensando en el sueño del libertador Simón Bolívar. ¡Qué Colombia nos perdió! Ese es un hecho real. ¡Qué Colombia nos hubiese tenido todavía, incluyendo el canal! También es otro hecho real. ¡Que los colombianos por rencores, venganzas y mal cálculo dejaron escapar un territorio valioso como Panamá! Es otro hecho real. ¿Le ha mentido a la historia o ha faltado a la verdad Gustavo Pedro? ¡No, para nada! No sé usted, pero desde mi punto de vista hemos hecho una bulla innecesaria. Sería lo mismo como si el presidente Cortizo se refiriera a la pérdida de terrenos valiosos en aquellas guerras con Costa Rica. Y en ambos casos el rector decisorio de esos desenlaces históricos fue Estados Unidos de América.
Los dejo con la posición de un colombiano quien escribió hace siete años sobre este tema que aparece el diario El Tiempo. “Pérdida de Panamá y rechazo a la paz: historia de una misma farsa.
La mezquindad política de seres que la historia no recordará ha sido tradición en nuestra patria.
Por: Francisco Barbosa
Uno de los eventos más representativos de nuestra historia republicana fue la pérdida de Panamá en 1903. La historia de este hecho ha pasado por nuestros textos o bien como un despojo abusivo de Estados Unidos, recordemos la frase “I took Panama” que profirió el presidente Theodor Roosevelt en 1911 durante una conferencia en la Universidad de Berkeley (California), o como una estrategia franco-americana concebida en Nueva York con la anuencia de inversores de primer nivel, como J.P. Morgan, el francés Philippe Bunau Varilla, el abogado William Nelson Cromwell, creador de la firma Sullivan & Cromwell, y el secretario de Estado americano John Hay.
Esas versiones no son falsas; de hecho tienen un fuerte asidero histórico. Sin embargo, como siempre nos ha pasado en Colombia, la infidelidad no está en la calentura de las sábanas, sino en otras razones. Y en este caso tienen que ver con nuestra mezquindad política.
En aquel tiempo, el presidente de la República era el conservador histórico José Manuel Marroquín, quien reemplazó en el poder al presidente anterior, Manuel María Sanclemente, en su calidad de vicepresidente de la República. Las razones de la sucesión de Marroquín son discutibles pero interesantes. En aquel tiempo se acusó a Sanclemente de incapacidad para gobernar, mientras que para otros fue un simple golpe de Estado.
Este hecho fue considerado un acto de guerra por parte del expresidente conservador nacionalista Miguel Antonio Caro, que había promovido en el mandato a Sanclemente para mantener su cuota de poder en ese gobierno. Debe recordarse que la presidencia de Caro fue tan sectaria que condujo al país a la guerra civil de 1895 y a la vergonzosa guerra de los Mil Días. El expresidente Caro, que para ese momento era senador, se obnubiló y le puso a Marroquín el Congreso de la República en su contra. Muchas iniciativas no le pasaron al presidente.
En los albores de 1903, el presidente Marroquín suscribió el tratado Herrán-Hay, que le otorgaba a Estados Unidos la concesión para construir el canal de Panamá. En el texto se indica que se les otorgaría a los norteamericanos una porción importante de territorio y la concesión por 100 años del canal. Por lo demás, a Colombia se le reconocía la soberanía en todo el departamento.
El negocio no era deleznable. Colombia resolvía una concesión abandonada por los franceses una década atrás y recuperaba una parte del país que había mostrado reticencia a mantenerse en el territorio. Luego de cierta discusión, el tratado fue aprobado por el Congreso de Estados Unidos y cuando le tocó el turno al de Colombia, el expresidente y senador Caro presentó ponencia negativa, y el 18 de agosto de 1903 se denegó el tratado Herrán-Hay, para ponerle un obstáculo a Marroquín. El argumento de Caro era que con ese tratado se menoscababa la soberanía de Colombia.
La historia posterior ya la conocemos. El gobierno de Estados Unidos encontró aliados en Panamá, y con la ayuda de Wall Street y de la armada norteamericana se logró la independencia de aquel territorio en noviembre de 1903.
Lo triste de este desenlace es que una vez se perdió, el beligerante expresidente y senador Caro solicitó una reforma rápida de la Constitución con el propósito de ratificar de forma inmediata el tratado. El mismo presidente pensó en su momento en aprobar vía decreto el tratado, luego de declarar la ley marcial. Estas ideas eran tardías porque el Estado americano ya había reconocido a Panamá.
La mezquindad política de seres ínfimos que la historia no recordará ha sido tradición en nuestra patria. La paz, hoy en el 2016, debe estar por encima de los partidos y de las personas. Las nuevas generaciones merecen que los caminos de la reconciliación se abran y que el nuevo país inicie su destino sin guerras fratricidas.
Docente