- domingo 06 de septiembre de 2026 - 12:00 AM
Golpes al bolsillo nos dejan sin energía
El recibo de la luz salta al cuadrilátero a fin de mes y conecta directo a la barbilla del usuario sin dar tregua. No hay guardia alta que aguante semejante metralla cuando la tarifa sube sin contemplación y deja a Pablo Pueblo trastabillando contra las cuerdas. Es un castigo implacable en el que el medidor marca un ritmo endemoniado que afloja las piernas hasta al panameño más fajador.
En la esquina del consumidor, el presupuesto intenta esquivar el golpe haciendo malabares para proteger la canasta básica. Sin embargo, con cada kilovatio cobrado, no hay combinación defensiva que evite el nocaut financiero.
El dinero destinado a la comida y los medicamentos termina cediendo en el conteo de protección ante la ferocidad del cobro eléctrico.
La fanaticada en las calles ya no aguanta este pleito donde las empresas distribuidoras siempre terminan con los brazos en alto. Hace falta un árbitro con agallas en la entidad reguladora para que detenga la golpiza y le ponga freno a los abusos antes de que la clase trabajadora tire la toalla.
Es un choque donde la esquina trabajadora salta a la lona con la guardia rota y la visión nublada por las deudas, mientras las distribuidoras conectan un uppercut mensual.