Olvídense de paños tibios, ya que lo que pasó con el Ministerio de Educación de Panamá no es un simple caso aislado. Esto es una podredumbre bien montada, una jugada sucia que le escupe en la cara a todo el que se ha fajado estudiando de verdad en este país.
Aquí hay que hablar claro, como se habla en el barrio y es que mientras hay gente que se quema las pestañas años y años, pagando matrícula, transporte, libros, aguantando hambre y presión para sacar su título limpio... vienen otros vivos, sinvergüenzas, frescos como una lechuga, a comprar diplomas falsos como si estuvieran comprando una pinta en la tienda. ¿Y pa’ acabar de joder? Con gente de adentro metida en la vuelta.
Eso no es relajo. Eso es corrupción con descaro premium. Porque no estamos hablando de cualquier cosa. Estamos hablando de educación. De pela’os que van a sentarse frente a un “docente” que capaz no sabe ni redactar bien, pero ahí está, nombrado, cobrando cheque, porque pagó por un cartón falso. Eso es una falta de respeto brutal, no solo para los maestros de verdad, sino para todo Panamá.
Y lo más cabrón del asunto es que, según lo que ha salido, no era uno ni dos. Era una red. Diplomas falsificados, vacantes vendidas, puntajes manipulados... o sea, convirtieron el sistema educativo en una especie de juega vivo institucionalizado. El que paga entra, el que se esfuerza que se quede esperando.
Después salen los mismos de siempre a hablar de “mejorar la educación”, de “transformación curricular”, de “excelencia académica”. Pura paja. Si desde adentro están vendiendo el sistema al mejor postor, no hay reforma que valga.