• sábado 14 de marzo de 2026 - 4:38 PM

El dolor silencioso que afecta a millones

La endometriosis: una enfermedad invisible que no podemos seguir ignorando

Conmemorar el Día Mundial de la Endometriosis cada 14 de marzo debería ser, ante todo, un llamado a la acción. No se trata solo de dar a conocer un diagnóstico, sino de reconocer cómo una patología que afecta a tantas mujeres en el mundo sigue siendo ignorada por los sistemas de salud, comprometiendo gravemente su bienestar y su derecho a una vida plena, un «Ya no sé si tengo cólicos, dolor en los ovarios o en los intestinos», es más frecuente de lo que se imaginan.

Entender la endometriosis requiere comprender su naturaleza biológica. Investigadores la definen como una condición donde el tejido endometrial se sitúa fuera del útero, reaccionando a los cambios hormonales y provocando una inflamación crónica.

En términos sencillos: es un tejido que crece donde no debería, forzando al cuerpo a vivir en un estado de alerta y dolor permanente. Se estima que, a nivel mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la endometriosis afecta aproximadamente a 190 millones de mujeres y niñas en edad reproductiva, lo que representa un 10% de este grupo poblacional.

La endometriosis posee tres fenotipos: endometriosis peritoneal superficial, endometriosis ováricas y endometriosis profunda. Pero la endometriosis rara vez viene sola. En casi uno de cada tres casos (el 30%), se presenta junto a la adenomiosis. Si la endometriosis es el tejido que crece fuera del útero, la adenomiosis es ese mismo tejido invadiendo las paredes musculares del propio útero.

Es, en esencia, una infiltración interna que hace que el órgano se inflame y se vuelva rígido, sumando una capa extra de dolor al diagnóstico. Pero la adenomiosis no es solo un nombre técnico; es una carga adicional.

Además de agravar el dolor y las dificultades de fertilidad que ya trae la endometriosis, esta infiltración en el músculo uterino es la responsable de que muchas mujeres sufran sangrados menstruales debilitantes. No hablamos de una regla común, sino de una hemorragia que interrumpe la vida, el trabajo y el bienestar emocional, y que a menudo se ignora o se atribuye a otras causas menos profundas.

Gracias al reciente auge de la investigación científica, estamos siendo testigos de un giro histórico en la comprensión de esta patología. Se ha roto, por fin, el viejo mito de que la endometriosis es un problema exclusivo de la etapa reproductiva. Hoy sabemos que no se limita a los años de fertilidad; es una enfermedad que puede acompañar a la mujer a lo largo de toda su vida, exigiendo una atención médica que no caduque con la llegada de la menopausia o el deseo de no ser madre.

Afortunadamente, el camino hacia la visibilidad ya tiene un respaldo legal en nuestro país. En Panamá, contamos con la Ley 213 del 29 de abril de 2021, un avance legislativo crucial que no solo dicta medidas para el abordaje integral de la endometriosis, sino que también establece normas de protección laboral. Es el marco jurídico que garantiza que ninguna mujer deba elegir entre su salud y su sustento, reconociendo finalmente que esta batalla también se libra en el ámbito institucional.

Para avanzar, es necesario analizar pedagógicamente por qué esta afección suele permanecer oculta. La respuesta se encuentra en factores culturales y clínicos que debemos desaprender. En primer lugar, es vital desmitificar la idea de que el dolor menstrual intenso es “normal” o algo que debe sobrellevarse en silencio. En segundo lugar, superar el tabú sobre la menstruación permitirá una conversación más abierta y científica sobre la salud femenina. Finalmente, debemos educar sobre la naturaleza de la endometriosis como “la gran imitadora”, ya que sus síntomas pueden confundirse fácilmente con afecciones intestinales o urinarias, complicando el camino hacia un diagnóstico certero.

El camino hacia un abordaje integral de la endometriosis en Panamá se fortalece cuando la legislación y la ciencia caminan de la mano. Investigaciones locales, como el estudio realizado en el Hospital Santo Tomás entre 2014 y 2018, nos brindan datos invaluables para entender nuestra realidad: en una muestra de 852 expedientes, se identificó que factores como la paridad de dos o más hijos pueden actuar como elementos protectores asociados a la enfermedad.

Estos hallazgos no son solo números; son herramientas de docencia que nos permiten refinar el diagnóstico y entender mejor una patología que en nuestro país afecta a 8.2 por cada 10,000 mujeres en edad reproductiva.

Al final, educar sobre la endometriosis es un acto de justicia y dignidad humana. Contamos con la ley, contamos con evidencia científica local y, sobre todo, contamos con la voz de las pacientes que exigen ser escuchadas. Es el momento de transformar este conocimiento en una acción colectiva que garantice salud, protección laboral y calidad de vida para todas.