No hay una política de represión del delito, de fomento de los valores cívicos, aumentos de pena de delitos atroces, prevención del pandillerismo entre esos la reducción de la deserción escolar. Al contrario, vemos el fomento del juega vivo, el uso de millones del Estado para lucro de los amigos. Corruptos de saco y corbata que gritan a voz en cuello, ¡no más subsidios! (para los pobres) pero si buscan les regalen o reduzcan todos los impuestos para sus negocios y les llaman “incentivos”. Se llevan millones por no construir nada y hasta por ahí dicen hasta por no producir electricidad les pagan.
Mientras los pobres siguen inmersos en la inseguridad, temor a salir a la calle a ciertas horas, pues no sabes cuando te toca quedar en medio de una balacera. Y lo peor de todo, es que si le pasa algo los titulares de los medios sumisos al Dictador no tardan en poner que “cae un pandillero” aunque nunca en su vida tocó ni un biombo.
Las máquinas pinchadoras del Estado y las dizque perdidas en manos de los políticos, sólo sirven para escuchar y reprimir a los adversarios políticos, quizás extorsionar por votos en la asamblea. Pero equipos para reprimir la delincuencia no se ven, porque para el gobierno, los enemigos son los sindicatos y gremios. Las pandillas parecen ser sus socios de negocios y no hacen nada por pararlos. Policías honestos desanimados y ultrajados en ascensos, luchan solos hasta con infiltrados de las pandillas y políticos. ¡ayúdanos Espíritu santo!