- miércoles 28 de marzo de 2018 - 12:00 AM
COLOSENSES 3:23 ‘…DE CORAZÓN…'
MI-SION: al acercase el rey, el mendigo le pido una moneda. -Eres tu quien debe darme algo-, respondió el monarca. –No tengo nada-, ripostó el mendigo. –Busca bien-, dijo el rey. Confundido, rabioso y frustrado, el mendigo rebusco y halló un pedazo de pan, una naranja y unos granos de arroz. –La naranja y el pan son muy valiosos: me pueden aliviar el hambre-, pensó. Así que, dio los granos de arroz al monarca, quien le pagó con 5 monedas de oro: una por cada grano. Al ver la paga, el mendigo busco el pan, la naranja y más, para entregarlo y canjearlo por monedas. Pero, dijo el rey: -sólo te pago por aquello que me diste de corazón. Y hacer las cosas ‘de corazón' implica mover cielo y tierra para hacerlas aún mejor de lo que lo podemos o solemos hacerlas. Implica esa dosis extra de cariño, dedicación, entrega, tiempo, concentración, esfuerzo. Pero, imagina que al que representas como abogado, a quien reparas el zapato, el estudiante al que enseñas, a esa persona que le cortas el pelo…no es un ser humano: sino Dios mismo. ¡Wao! Si le hicieras el desayuno a Dios, si le redactaras un memo, si lo llevaras en tu taxi, si Dios fuera tu socio en negocios o tu espos@ o tu compañer@ de trabajo o tu jef@ o subaltern@,si atendieras Dios en tu consultorio: ¿qué harías...cómo l@ tratarías? Pues, así, ‘como si se tratara de Dios y no de los hombres, debemos hacerlo todo: de corazón', dice la Palabra.