El caso de Jeffery Epstein es la historia criminal más grande de trafico sexual infantil, abuso y explotación de menores vinculada a las más altas esferas de poder mundial del siglo XXI.
Jeffery Epstein era un inversionista estadounidense que utilizó su fortuna para captar y capturar a jóvenes menores de edad (de 14 a 16 años), en complicidad con su pareja y socia, Ghislaine Maxwell, actualmente en prisión, para ofrecerlas a sus contactos influyentes y millonarios. Tenía un avión privado llamado Lolita Express (en alusión a la novela Lolita, del autor Vladimir Nabokov, publicada en 1955, en cuya trama, un profesor de literatura de cierta edad se obsesiona con una jovencita de 12 años). También poseía una isla privada en las islas Vírgenes.
Fue denunciado por el padre de una de estas jovencitas en 2005 y la policía de Palm Beach inició las investigaciones. En 2019, fue arrestado en Nueva York por cargos federales relacionados con el tráfico sexual de menores, y ese año fue hallado muerto en su celda.
En 2021, se detuvo a su socia, Ghislaine Maxwell, que recibió una condena de 20 años de prisión. En 2024, se desclasificaron miles de documentos y evidencia del caso; en 2026, se publicaron 3 millones de páginas, 180 imágenes y 2000 videos. No hay evidencia suficiente que vincule a terceros en la protección a los ilustres consumidores.
Viendo este caso, pongamos las barbas en remojo, ya que la explotación infantil existe, lamentablemente, en muchos países, y deja graves consecuencias en las víctimas, como estrés tóxico, alteración en el desarrollo cerebral, disociación, sentimientos de culpa y dificultad para regular las emociones.
El abuso sexual es un lastre social, sea en donde sea que se produzca.