Feria Internacional del Libro de Panamá: una inversión en cultura, educación y futuro

Más que libros, un espacio para formar lectores, impulsar talentos y construir identidad
  • domingo 06 de septiembre de 2026 - 12:00 AM

La Feria Internacional del Libro de Panamá se ha convertido, con el paso de los años, en mucho más que un encuentro para comprar libros o escuchar a escritores.

Es uno de los acontecimientos culturales de mayor importancia del país y una plataforma desde la cual Panamá puede dialogar con América Latina y con el mundo.

Su verdadera dimensión se encuentra en lo que genera después de que las puertas del recinto ferial se cierran: nuevos lectores, ciudadanos interesados en la escritura, docentes con mayores herramientas, autores que encuentran oportunidades, editoriales que establecen vínculos, artistas que muestran su trabajo y ciudadanos que descubren nuevas maneras de comprender la realidad.

Celebrada desde 2001 y organizada por la Cámara Panameña del Libro, la Feria Internacional del Libro de Panamá se ha consolidado como un espacio de encuentro entre escritores, lectores, editoriales, librerías, instituciones educativas, medios de comunicación y entidades diplomáticas.

Su programación combina presentaciones de libros, conferencias, talleres, actividades infantiles, expresiones artísticas y espacios de diálogo.

La edición de 2026, realizada del 25 al 30 de agosto en Atlapa bajo el lema “La Ruta de Miles de Historias”, tuvo además al Canal de Panamá como invitado de honor, una decisión significativa porque establece un diálogo entre dos formas de conectar al mundo: el Canal mediante sus aguas y el libro mediante las ideas, la imaginación y el conocimiento.

Una feria que pertenece a todo el país

Hablar de la Feria Internacional del Libro es hablar del país que piensa, crea, lee, escribe y conserva su memoria. En una nación caracterizada históricamente por ser punto de encuentro entre diferentes culturas, la literatura cumple una función fundamental.

El libro permite que esas múltiples voces se encuentren. En sus páginas conviven historias familiares, conflictos sociales, memorias colectivas, investigaciones científicas, experiencias personales y pensamiento crítico.

Por eso, una feria del libro debe entenderse como un espacio de ciudadanía, de intercambio y razonamiento colectivo.

Un niño que entra por primera vez a una feria y descubre un libro que despierta su imaginación está teniendo una experiencia educativa. Un adolescente que conversa con un escritor puede comenzar a considerar la escritura como una posibilidad. Un maestro que participa en un taller obtiene nuevas herramientas para trabajar con sus estudiantes. Un investigador que presenta su libro encuentra lectores. Un editor que establece contacto con colegas extranjeros abre una puerta para la circulación internacional de obras panameñas.

Por esa razón, existe un beneficio múltiple porque la feria funciona como una gran plaza pública de las ideas. Allí se encuentran generaciones diferentes y personas procedentes de distintas regiones, profesiones y realidades sociales. Es precisamente esa diversidad la que le otorga un enorme valor.

Educación: leer para pensar

Otro de los mayores beneficios de la feria para Panamá se encuentra en el ámbito educativo. Leer no es solo aprender palabras o acumular información.

La lectura desarrolla capacidades fundamentales para la vida: comprensión, análisis, imaginación, argumentación, sensibilidad y pensamiento crítico. Una sociedad que lee está mejor preparada para interpretar su realidad y participar conscientemente en ella.

La presencia de miles de estudiantes durante una feria de esta naturaleza representa una inversión a largo plazo. La lectura, además, ayuda a fortalecer la educación más allá del aula.

Un estudiante que lee por iniciativa propia desarrolla una relación diferente con el conocimiento. Deja de ser solo receptor de contenidos y comienza a formular preguntas.

En momentos en que Panamá enfrenta desafíos educativos importantes, fortalecer los espacios que estimulan la lectura y el pensamiento crítico debería ser una prioridad nacional.

Una plataforma para los escritores panameños

Otro de sus grandes beneficios de la feria es la visibilidad que ofrece a los autores nacionales. Durante muchos años, uno de los problemas de la literatura panameña ha sido la dificultad para lograr una circulación amplia de sus obras.

Existen escritores de enorme calidad que, fuera de determinados círculos, son poco conocidos incluso dentro del propio país. La feria contribuye a modificar esa realidad porque promueve el encuentro directo entre autores y lectores lo que contribuye a que la literatura panameña deje de ser una referencia abstracta y adquiera rostros, voces e historias.

El lector puede conversar con quien escribió el libro, escuchar sus motivaciones y conocer el proceso creativo detrás de una obra. La presencia de escritores internacionales genera también posibilidades de intercambio.

Un autor panameño puede establecer contacto con una editorial extranjera, un agente literario, un traductor, un periodista cultural o un escritor de otro país.

Una conversación iniciada en un salón de Atlapa puede terminar, meses después, en una publicación internacional. Sería conveniente desarrollar, dentro de futuras ediciones, mecanismos permanentes de internacionalización de autores nacionales: encuentros con agentes literarios, mesas de traducción, rondas de negocios editoriales, programas de residencias, alianzas con universidades extranjeras y espacios específicamente destinados a presentar catálogos de escritores panameños.

Cultura y economía: dos realidades que pueden caminar juntas

Durante mucho tiempo se cometió el error de pensar que cultura y economía eran campos separados. Hoy esa visión resulta insuficiente.

Pero la cultura también genera actividad económica. Una feria internacional moviliza librerías, editoriales, imprentas, diseñadores, transportistas, hoteles, restaurantes, empresas de comunicación, técnicos, artistas, productores, traductores y numerosos trabajadores vinculados directa o indirectamente con la actividad.

El propio Estado panameño ha reconocido el impacto económico de los eventos culturales. La memoria 2025 de la Autoridad de Turismo de Panamá señala que entre los eventos internacionales realizados ese año se encontraba la Feria Internacional del Libro, y registra ingresos asociados a eventos internacionales por B/.555,895.

Esto demuestra que los grandes acontecimientos culturales pueden formar parte de una estrategia económica más amplia. Pero existe un potencial todavía mayor: la economía creativa.

La industria editorial forma parte de ese ecosistema. Alrededor de un libro existen autores, correctores, diseñadores gráficos, ilustradores, fotógrafos, impresores, editores, distribuidores, libreros, comunicadores, productores audiovisuales y gestores culturales.

El informe de impacto de la FIL 2024 reconoce que la feria fortalece la economía creativa panameña al estimular el sector literario y editorial nacional y contribuir al desarrollo de una sociedad lectora.

Por eso, apoyar la Feria Internacional del Libro debe verse como una inversión en una cadena productiva vinculada al conocimiento, la creatividad y el talento.

Turismo cultural y proyección internacional

Panamá tiene una extraordinaria ventaja geográfica y una infraestructura turística que le permite recibir visitantes de diferentes partes del mundo. Sin embargo, el país necesita ampliar su oferta más allá del turismo tradicional.

Una Feria Internacional del Libro es un motivo adicional para visitar Panamá. Escritores, editores, académicos, estudiantes, profesionales y lectores extranjeros pueden viajar al país para participar en el evento.

Pero para que ese potencial se concrete es necesario integrar la feria a una estrategia nacional de turismo cultural. La programación podría articularse con recorridos literarios por el Casco Antiguo, visitas al Canal de Panamá, rutas relacionadas con escritores nacionales, exposiciones de arte, presentaciones musicales y actividades gastronómicas.

De esta manera, el visitante no acudiría solamente a un centro de convenciones, sino que tendría la posibilidad de experimentar Panamá desde su cultura.

La edición 2026 ofrece un ejemplo simbólico de esa posibilidad. Al escoger al Canal de Panamá como invitado de honor, la feria estableció una conexión entre literatura, historia, identidad nacional y proyección internacional.

La feria como espacio de identidad nacional

En una época marcada por la globalización y la velocidad de las tecnologías digitales, preservar la memoria cultural se vuelve todavía más importante.

Los países necesitan saber quiénes son para poder dialogar con el mundo sin perder su identidad. La literatura contribuye de manera decisiva a esa tarea.

En novelas, cuentos, poemas, ensayos y crónicas aparecen las voces de diferentes generaciones. Allí quedan registrados barrios, costumbres, conflictos, paisajes, lenguajes, personajes y acontecimientos que de otra manera podrían desaparecer.

La Feria Internacional del Libro ofrece un escenario privilegiado para esa memoria. Panamá necesita contar su propia historia. Y necesita que sean sus escritores, investigadores, periodistas, historiadores y artistas quienes participen activamente en esa narración.

Una feria que también fortalece la democracia

Existe un último aspecto que deseo resaltar: el aporte de la feria a la democracia. Una sociedad democrática necesita ciudadanos capaces de escuchar opiniones diferentes, analizar argumentos y construir criterios propios.

El libro favorece ese proceso. Una conferencia, un conversatorio o una presentación literaria pueden poner frente al público ideas diferentes.

La literatura puede permitirnos comprender al otro, acercarnos a experiencias que no hemos vivido y cuestionar nuestras propias certezas. Por eso, promover la lectura significa también promover ciudadanía.

El desafío de llegar a todos

El éxito de la Feria Internacional del Libro también plantea una responsabilidad. Es necesario llevar su espíritu a las provincias, comunidades, escuelas, universidades, bibliotecas y espacios comunitarios.

La Feria Internacional del Libro puede convertirse en el centro de una política nacional de promoción de la lectura. La propia Cámara Panameña del Libro desarrolla una Feria Nacional del Libro con el propósito de llevar la literatura y las expresiones artísticas a distintas regiones del país.

Esta iniciativa refleja la importancia de descentralizar el acceso a la cultura. La feria internacional puede ser el gran acontecimiento anual, mientras que durante el resto del año debería existir una red permanente de actividades de lectura y escritura.

Una inversión que debe mantenerse

Panamá debe comprender que apoyar la Feria Internacional del Libro es apostar por el futuro. Las instituciones que se han restado del evento, deben comprender que los beneficios de la feria son educativos, sociales, económicos, turísticos, editoriales y humanos, pero, sobre todo, crea un espacio para encontrarnos.

En una sociedad donde las tecnologías digitales ocupan cada vez más espacio en nuestra vida cotidiana, el libro conserva una capacidad extraordinaria: nos obliga a detenernos, pensar, imaginar y escuchar una voz distinta.

La Feria Internacional del Libro convierte esa experiencia individual en una experiencia colectiva. Por eso debe ser considerada una política cultural de Estado y no solamente un acontecimiento anual organizado por un gremio.

Su continuidad, crecimiento y descentralización deben formar parte de una visión nacional de desarrollo cultural. El Estado, el sector privado, las universidades, las escuelas, las editoriales, las librerías y la sociedad civil tienen aquí una responsabilidad compartida.