[Cuento] Esperanza, la semilla del corotú
- domingo 15 de febrero de 2026 - 12:00 AM
En el estero corregimiento de Paraíso, distrito de Pocrí, provincia de Los Santos, verde en invierno y cobrizo en verano, vivía Esperanza. Ella era una semilla de corotú, llena de sueños de convertirse en un árbol majestuoso. Pero el estero estaba cambiando. Los inviernos eran más cortos y los veranos más largos y calurosos. El río, antes caudaloso, se había reducido a un hilo de agua.
Esperanza escuchaba las narraciones de los árboles ancianos. Contaban historias de tiempos en que la lluvia era abundante y el estero, una gloria. Ahora el sol quemaba la tierra y el viento levantaba el polvo.
Muchos árboles estaban enfermos, sus hojas marchitas y sus ramas quebradizas.
Un día, un grupo de pájaros migratorios llegó al estero. Estaban cansados y con sed. Esperanza, conmovida, les preguntó qué sucedía.
—El mundo está cambiando —dijo uno de ellos. —Muchos lugares son ahora inhabitables.
Esperanza se sintió triste. ¿Podría ella hacer algo para ayudar?
Un viejo árbol sabio le dijo: Cada uno de nosotros tiene un papel que cumplir. Tú, Esperanza, puedes dar ejemplo.
Ella decidió que crecería fuerte y sana. Con sus pequeñas raíces, se aferró a la tierra. Con su tallo, buscó el sol. Y, poco a poco, comenzó a crecer.
No fue fácil. El calor era intenso y la tierra, seca. Pero no se rindió. Recordó las palabras del árbol sabio y siguió adelante.
Con el tiempo, se convirtió en un árbol fuerte. Sus ramas daban sombra. Sus raíces sostenían la tierra, evitando que el viento se la llevara. Y sus hojas purificaban el aire.
Otros árboles siguieron su ejemplo. Los pájaros regresaron, los animales encontraron refugio y el río volvió a fluir.
Esperanza comprendió que, aunque pequeña, podía marcar la diferencia. Entre todos, podían construir un mundo mejor.