Suegra bellaca
- viernes 23 de enero de 2015 - 12:00 AM
Dania vivía feliz con sus nietos, hijos de Dorothy, su única hija, hasta que esta le llevó un hombre a la casa, David, y anunció que este se quedaría a vivir con ellas. Si se va a quedar a vivir aquí, entonces, me calzo los guantes enseguida, replicó Dania y la hija le torció los ojos. Enseguida, Dania retó al yerno con la mirada. Igual hizo el hombre. Midieron fuerzas por casi una hora, sin parpadeo de ninguno. Dejaron de retarse con los ojos cuando un vecino hizo tres disparos al aire, cosa que hacía a menudo para asustar a la mujer e impedir, según él, que le diera a probar a otro lo que era solamente suyo.
‘¿Y esa vaina?’, dijo David. ‘Son bombitas’, contestó Dania y le dijo sin miramientos. ‘Sepa que quedamos empatados en este primer asalto’. Ok, contestó el otro e intervino Dorothy llevándose a su mamá a una esquina. ‘Mamá, deja de joder a David, que él es mi última carta’, le suplicó y la vieja dijo que trataría de no molestarlo siempre y cuando aquel no olvidara que él era un arrimado en esa casa. ‘Ningún arrimado, es mi marido y el padrastro de mis pelaos’, reclamó Dorothy, y la madre gritó ‘que no se salga de su esquina ese padrastro porque va a probar del bueno, que le quede bien claro que con mis nietos no se meta. El papá de ellos soy yo, así que le voy a aclarar que no los toque ni con el dedo meñique o se arma lo impensable en esta casa’.
La hija quiso replicar, pero ya la mamá le decía alto y claro al yerno: ‘David, no se le ocurra castigar y menos pegarles a mis nietos’. ‘¿Y eso, doñita, yo soy el padrastro, así que tengo derecho’, afirmó David, pero la doñita le dijo con señas que a lo único que tenía derecho era a la cuca de Dorothy.
El lío se formó la tarde en la que Dania regresaba de planchar ropa en casa ajena y se encontró a sus nietos en el minisúper comprando cigarrillos para David. La mujer les arrebató la cajilla del vicio y con ella en la mano y con sangre en los ojos entró a su hogar dispuesta a reclamarle de la peor manera al yerno liso que había ultrajado a los pelaítos al mandarlos a comprar semejante vicio. David estaba sentadito mirando su programa cuando entró Dania convertida en un ciclón. Vomitaba palabras soeces y el yerno no pudo contenerse y le gritó ‘cálmese, doñita, a usted lo que le falta es cariño, pero no se preocupe que le voy a traer a un tío mío que vive en la costa para que la ponga en el bordecito de la cama y ya verá que se le baja ese ímpetu de pelea’.
El ofrecimiento fue una ofensa para Dania, que agarró un bate para cobrarse el insulto, pero David fue más rápido y en un segundo la desarmó. ‘Acérquese un paso más y la voy a dormir con este bate’, le gritaba David a la madre de su mujer, que gritó ‘auxilio me mata este condenado’. El grito atrajo a los vecinos y pronto vino la Policía. Cuando Dorothy regresó del trabajo halló a su David en la parada y con su ropita a un lado. ‘Tu vieja me echó’, dijo David, por lo que aquella fue, furiosa, a reclamarle a la madre, quien le aclaró que no había nada que hacer. ‘Esta casa es mía y yo decido quién vive aquí’, aseguró Dania, por lo que la hija tuvo que buscar cuarto para poder seguir diciendo ‘tengo marido’.