La tiquismiquis
- miércoles 24 de abril de 2019 - 12:00 AM
Auristela voló al puesto de Maura y le pegó exigiéndole que le dijera en su cara lo que había dicho para ella en la cafetería de la empresa. Tardó la otra en reponerse de la sorpresa, pero cuando salió del cortocircuito se levantó y la puso a probar la mano de ella, que sí era pesada, y se embolillaron. Maura no entendía el reclamo, pero seguía devolviendo los golpes.
Las mironas de siempre y causantes del enfrasque tomaron partidos opuestos, unas decían que Auristela tenía toda la razón del mundo para atacar a Maura, porque ‘a nadie le gusta que se burlen de esa manera, y menos en público, que la palabra desafortunada y soltada por Maura para referirse a Auristela era bien fea, un insulto TOTAL'. Las menos morbosas opinaron que no era para ponerse así: ‘Claro, Maura no tiene por qué burlarse de Auristela, ni tiene ningún derecho a apodarla mosquito, además, seguras estamos de que ella se hubiera cabreado totalmente si Auristela le hubiera dicho vaca, por lo gorda que está'.
Cuando vino el gerente a poner orden, se dio gusto regañando a las curiosas y las obligó a fungir como testigos, pero a la hora del careo, cuando Auristela dijo quién le había contado sobre la mala palabra, fea y ofensiva que Maura había dicho para ella mientras la cafetería estaba repleta de comensales, la aludida dio un paso al frente y negó rotundamente haber sido la emisaria de ese desatino, y los ojos de la ‘ofendida' repasaron la sala, encontrándose con rostros cabizbajos, ahora, ninguna de las que había apoyado lo dicho por la lengüilarga daba indicios de aportar un dato en la investigación.
‘De aquí sale la verdad, o salen las testigos o se van para su casa, aquí no quiero riñas, y menos entre las damas', aseguró el jefe, y las mujeres temblaron ante la idea de perder su trabajo, pero seguían calladas, y así pasaron una hora hasta que el gerente llamó a contabilidad para que fueran haciendo los cálculos, entonces, casi llorando una gritó que a ella no la podían botar porque ella era madre y padre de siete pelaos.
Habló el mandamás aclarando que nadie puede jugar dos roles, que se es madre o se es padre, pero no ambos papeles. ‘No repita esa salvajada verbal', afirmó el hombre y le preguntó a Auristela cómo había empezado el supuesto ataque de Maura. ‘Ella dijo una palabra ofensiva, sucia y muy mala para mí, y lo dijo delante de todos para que se burlaran de mi delgadez, y eso no se puede quedar así, ella sabe que yo gano diez centavos y por eso no puedo alimentarme bien, además, no tengo marido, porque a los panameños no les gustan las flacas, solo quieren a las gordas y carnudas como Maura', aseguraba Auristela envuelta en llanto y lamento por su condición física.
‘Y exijo que me diga la palabra en mi cara para romperle la boca de cococha que tiene', gritó la flaca, y tomó Maura la palabra para aclararle al jefe que la compañera estaba delgada porque quería, porque todas, incluida ella, le ofrecían comida a diario, y añadió: ‘Pero ella nunca quiere nada de lo que le brindamos, porque como es toda una tiquismiquis'.
Oír la palabra y volarse para donde Maura fueron casi simultáneos, pero la atajó el vientre voluminoso del jefe, que se interpuso riéndose a más no poder. ‘¿Es esa la palabra que te ofendió, no sabes el significado de tiquismiquis?', le preguntó el gerente mientras trataba de controlarla. Tuvo que pedir un vaso de agua para darle a la colaboradora que respiraba fatigosa por la ira.
‘Tiquismiquis es la persona remilgosa, esa que todo le da asco, que no come nada porque piensa que no se lavaron las manos o quién sabe qué otras cochinadas', le dijo hasta que la calmó. Y agregó para que todas oyeran: ‘Vieron, hoy 23 de abril, Día del Idioma, aprendieron una palabra nueva, ilústrense, muchachas, lean buenos textos y, por favor, consulten el diccionario; para mañana, de tarea y para evitar otra pelea loca, averigüen qué significa la palabra putativa'.