
- domingo 30 de marzo de 2025 - 12:00 AM
Cuando dos personas deciden terminar, pero siguen hablándose con frecuencia, viviendo bajo el mismo techo. Conscientes de los problemas, pero alejados de las soluciones, ampliamente cargados de contradicciones, no tiene mucho sentido y eso a la final les hace daño a los dos. Seguir hablando, acostándose, conviviendo, con una persona con la que, en principio, hemos terminado, sólo es una expresión de contradicción. El dolor te estanca en un proceso confuso, quizá hasta más doloroso que toda la historia de la relación. Hay quien dirá y cuando se tiene hijos. De igual manera, no es conveniente. Los hijos requieren estabilidad y se pueden dar rupturas profundamente sanas, que les permiten a los hijos ver la vida desde una perspectiva menos compleja y más agradable. Conscientes de la infelicidad, la insatisfacción, sujetos a un círculo vicioso, sin norte, sin objetivos, solo se cultiva la frustración. Aunque podría ser comprensible, que haya una resistencia a replantearse, pues crea dolor. Vivir la vida, bajo la premisa “terminamos, pero ninguno de los dos quiere irse” nos sujeta a un ciclo de vida, en el que quizás la dependencia, el apego, el miedo a la soledad te encarcela y no te permite vivir una vida a plenitud. Tomen ambos una decisión lo más pronto que puedan y empiecen a escribir un nuevo capítulo en sus vidas.