‘Hay una total desinhibición’
- martes 05 de febrero de 2013 - 12:00 AM
El comportamiento vergonzoso que confesaron que han tenido los panameños durante las fiestas del Carnaval no es una cuestión de cultura ni de costumbre, y Panamá no es el único país en donde la gente se comporta así.
Así opinó el sociólogo Marcos Gandásegui al consultársele sobre los resultados de la encuesta de CID Gallup para el diario El Siglo , que reveló que el 27% de los panameños admitió haber cometido un acto vergonzoso durante las fiestas del Carnaval.
El especialista señala que sin ir muy lejos, en países vecinos —Colombia y Costa Rica— el comportamiento es similar.
Según Gandásegui, el problema radica en que en Panamá hay mucha permisividad de parte de las autoridades que son quienes deben poner alto a actitudes y comportamientos bochornosos. ‘El panameño cree que puede hacer y deshacer solo porque es Carnaval’, aseguró Gandásegui.
De acuerdo con el experto, los panameños solo quieren pasarla bien, pero las autoridades, incluso, promueven la promiscuidad porque estas fiestas son un negocio, que no solo se vende a los panameños, sino también a los extranjeros y entre más actos de libertinaje se puedan mostrar al exterior, mejor.
Uno de los aspectos que recalca el especialista es que en países, incluso con culturas muy diferentes a la de los panameños, las actitudes durante fiestas similares es también esta, con la salvedad de que en esos lugares las autoridades sí ponen límites y hay sanciones ejemplares para los que incurran en actos que atenten contra la moral y sean considerados vergonzosos.
Señala que: ‘La idiosincrasia del panameño no es faltarle el respeto a las costumbres de un pueblo, pero hay mucha permisión’.
Para la psicóloga Geraldine Emiliani, esta conducta se manifiesta por el simple hecho de lo que está en la mente del panameño en cuanto al significado de la palabra Carnaval.
Para los panameños y para otros ciudadanos, la palabra significa desenfreno, una fiesta de farsa en la que se cree que todo está permitido.
La psicóloga también argumenta que el panameño se mentaliza en que en esos cuatro días va a disfrutar al máximo, al punto de cometer cualquier tipo de acto.
‘Toda la presión que se ha guardado en el año se saca durante esos días, y por ser una fiesta de farsa, el panameño se desinhibe totalmente’, expresa Emiliani.
Es cierto que hay límites, dice la psicóloga, pero en esos momentos la persona se olvida de todo, su mente solo piensa en el desenfreno.
‘NO HAY QUE PERDER DIGNIDAD’
El sacerdote Ángel Alonso, de la Iglesia Católica, habla de que la diversión no es mala, lo malo es cuando ese acto nos lleva a desobedecer a Dios.
El problema del comportamiento bochornoso de los panameños durante el Carnaval es que atenta contra Dios y contra la persona misma. ‘En estos casos se pierde la razón y el ser se deja llevar por los impulsos’, asegura el sacerdote.
Agrega que durante esos días no hay restricciones ante el placer desordenado y lo lamentable es que muchos, a raíz de las fiestas, quedan de por vida esclavos de estos actos.