Testimonio: Gesta del 9 de enero, clamor de soberanía

El Rugido del Nido de Águilas: relato vivo de una Gesta por la Soberanía
  • viernes 09 de enero de 2026 - 7:00 AM

El 9 de enero de 1964 no es solo una fecha en el calendario; es el punto de inflexión donde Panamá dejó de ser un país tutelado para reclamar su destino. Como institutor y protagonista de aquellos eventos, escribo estas líneas para que la memoria de nuestros mártires no se desvanezca y para que las nuevas generaciones comprendan que la soberanía que hoy disfrutan fue pagada con la sangre de jóvenes que solo amaban a su patria.

La Marcha del Honor

Todo comenzó a las 4:30 p.m. Unos 150 estudiantes del Instituto Nacional, movidos por un patriotismo puro, decidimos marchar pacíficamente hacia la Balboa High School. No portábamos armas, solo el anhelo de hacer cumplir el acuerdo de izar nuestra bandera tricolor junto a la estadounidense.

Una delegación de seis compañeros, entre ellos Luis Vergara, Napoleón Bernard de Soto y otros valientes, llevaba el pabellón nacional. Sin embargo, al intentar izarlo y entonar nuestro Himno, el odio y el abucheo de los “zonians” se interpusieron. En el forcejeo, nuestra bandera fue desgarrada. Ese ultraje simbólico fue la chispa que incendió el corazón de todo un país.

Bajo el Fuego: Mi testimonio

Pasadas las 6:00 p.m., la situación escaló. Recuerdo estar junto a mis compañeros Renato Pasco, Ricardo Delgado, Demóstenes Sánchez, Jaime Medrano y Manuel Atencio. En la Avenida 4 de Julio, el caos era total: jóvenes quemando llantas y otros escalando la cerca de ciclón para colocar banderas panameñas en territorio ocupado.

Vimos al estudiante Ricardo Hurtado herido, siendo auxiliado por Ascanio Arosemena, quien en ese acto de suprema nobleza fue alcanzado por las balas, convirtiéndose en el primer mártir de la jornada.

Buscando resguardo, nos dirigimos al primer piso del Pabellón de Ciencias del Instituto Nacional. Desde una ventana que miraba hacia la Avenida 4 de Julio, fuimos testigos del horror. Unos jóvenes ajenos al colegio detonaron un arma pequeña hacia las tanquetas norteamericanas; la respuesta fue inmediata y desproporcionada. Una ráfaga de ametralladora impactó la pared, justo al lado de donde estábamos arrastrados en el suelo. Los orificios de esas balas quedaron grabados en esas paredes y en nuestra memoria. El profesor Carlos Arrieta de la Hoz nos recordaría después que disparar contra una escuela violaba todo acuerdo internacional, pero aquella noche, la soberanía de Panamá era lo único que importaba.

Un legado de soberanía total

La valentía de aquel día forzó al presidente Roberto F. Chiari a un acto sin precedentes: la ruptura de relaciones con Estados Unidos. Fue ese sacrificio de 21 panameños el que cimentó el camino hacia los Tratados Torrijos-Carter de 1977.

Como partícipe de esa gesta, puedo afirmar que la reversión del Canal el 31 de diciembre de 1999 no fue un regalo; fue la culminación de una lucha que empezó con los “Aguiluchos”. La eliminación de la “quinta frontera” y el fin del “Estado dentro de otro Estado” se logró porque un grupo de estudiantes no tuvo miedo de enfrentar a un imperio por el honor de su bandera.

“La bandera es el alma de la patria, y aquel día, los estudiantes del Instituto Nacional la llevaron en alto a costa de su propia sangre.”

Hoy, el Canal es nuestro. El territorio es uno solo. Que este relato sirva para recordar que la soberanía se defiende con el alma, tal como lo hicimos en el Nido de Águilas aquel inolvidable 9 de enero de 1964.

Justicia Histórica
Es imperativo resaltar que el Estado panameño, en un acto de estricta justicia y gratitud eterna, ha formalizado lo que el pueblo siempre supo en su corazón. En cumplimiento de la Ley No. 163 del 10 de octubre de 2020, el Gobierno Nacional ha reconocido oficialmente a los estudiantes del Instituto Nacional que participaron en la gesta del 9 de enero de 1964 con el título de HÉROES DE LA PATRIA.

Este reconocimiento no es solo un honor individual, sino el sello perpetuo de una nación que abraza su historia y honra el coraje de aquellos jóvenes que, sin más armas que su dignidad, enfrentaron al coloso para darnos la soberanía total que hoy disfrutamos. A ellos, y a su sacrificio inmarcesible, honor y gloria por siempre.

A las nuevas generaciones

A través de los años, he sostenido que la soberanía se conquista cada día con integridad y civismo. Los Tratados Torrijos-Carter, que finalmente nos devolvieron el Canal, fueron firmados con la tinta de aquel 9 de enero de 1964.

Hoy, al mirar hacia atrás, mi mensaje para Panamá es que no olvidemos el ejemplo de los “Aguiluchos”. La patria es un ejercicio de memoria y valor constante. Aquella gesta fue el principio del fin de una era colonial y el nacimiento de una nación verdaderamente libre y soberana.

Sobre el Autor

El Dr. Honorio Bernal Ramos es un destacado profesional y patriota panameño, miembro de la generación de “Aguiluchos” del Instituto Nacional que protagonizó la histórica gesta del 9 de enero de 1964. Como testigo directo de los enfrentamientos en el Pabellón de Ciencias y la Avenida 4 de Julio, su vida ha estado marcada por la defensa de la identidad nacional.

Te puede interesar