Los Juegos de Suerte y Azar y el Surgimiento de la Lotería II Parte
- domingo 22 de marzo de 2026 - 12:00 AM
Los dos centros de población donde se gestaron el epicentro del asentamiento español —Santa María del Darién (1510) y la ciudad de Panamá la Vieja (1519)— jugaron un papel fundamental durante la época de la colonización y la conquista. El destino histórico marcó a estas poblaciones y las convirtió en espacios donde se planificó y diseñó el avance de los españoles en el istmo. España, con ventaja frente a otros países europeos, se situó a la vanguardia en la incursión hacia las poblaciones indígenas. No obstante, en cada avance hacia estos poblados, los españoles llevaron consigo los juegos de suerte y azar.
En la antigua Panamá la Vieja, con su diseño funcional de origen español, además de las actividades religiosas en la Plaza Mayor, se realizaban fiestas, juegos y corridas de toros al estilo español. Asimismo, se practicaban los famosos juegos de cañas, las peleas de gallos y los juegos de suerte y azar de forma clandestina, burlando las instrucciones de Pedrarias Dávila, general y gobernador de Castilla del Oro. En este contexto, emerge el ocio vinculado a la competencia y la usura.
La ciudad fue escenario también de suntuosas fiestas denominadas Carnestolendas donde salían a relucir disfrace, máscaras y cantos. La ciudad fue también escenario de suntuosas fiestas denominadas Carnestolendas, en las que destacaban disfraces, máscaras y cantos. Un hecho que lo evidencia ocurrió el 9 de abril de 1669, cuando, en plena Semana Santa, se produjo un conflicto con la llegada del gobernador Juan Pérez de Guzmán y su tenso encuentro con las autoridades religiosas. La oposición de la Iglesia a los juegos de suerte y azar se manifiesta en documentos de la época, como el del dominico Francisco, quien escribió: “Y estando prohibidos los juegos, y por disimulación de los jueces se usan excesivamente, de lo que resulta notable daño, se mande poner remedio con pena para los jueces” (Dominico Francisco, Juegos excesivos, Archivo Nacional de Panamá, Sección de Planos e Historia, Documentos del Archivo General de Indias relacionados con Panamá, Sosa y Arce).
La cita resulta reveladora de la forma en que se burlaban las leyes, evidenciando la complacencia e incluso el gusto de los jueces por infringirlas. Por ello, se hacía evidente la necesidad de imponer normas más severas que garantizaran su cumplimiento y castigo. El ocio y la recompensa monetaria asociada a los juegos de suerte y azar habían minado la conciencia del gobernador Pedrarias. Así lo advierte el padre Bartolomé de las Casas al señalar: “Pedrarias les daba, pues en su mayor contentamiento jugaba la libertad de aquellos más miserables. Estas palabras de Tobilla formales: jugaba Pedrarias cien esclavos, y quizás quinientos, como otros gobernadores...” (Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias, tomo II, p. 39).
Cabe aclarar que las leyes exigían la eliminación de los juegos de suerte y azar, incluso mediante las Instrucciones de Pedrarias, aplicadas previamente en Santa María del Darién (1510). Las disputas entre funcionarios y cronistas se hicieron evidentes en la ejecución de estas disposiciones. En su voluminosa obra, el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo adopta una postura moralizadora al intentar erradicar dichos juegos. Así lo expresa con enérgicas palabras: “... quité los juegos e hice quemar públicamente en la plaza todos los naipes que había en el pueblo” (Oviedo, Historia General de las Indias y Tierra Firme del Mar Océano, cap. XIV, p. 71).
Oviedo realizó la requisa de los naipes y los arrojó a la hoguera, quizá con la intención de desmantelar las apuestas. Sin embargo, ocurrió lo contrario; es probable que esta acción la llevara a cabo en Santa María la Antigua del Darién. En medio del ocio, propio del entorno selvático del Darién, y posteriormente en Panamá la Vieja, las tensiones entre la población y los funcionarios persistieron, al igual que la práctica de los juegos de suerte y azar, que continuaron desarrollándose pese a los intentos por prohibirlos.
Tras la ejecución de Vasco Núñez de Balboa, el 15 de enero de 1519 en Acla, como resultado de una lucha por el poder con el gobernador Pedrarias, las pugnas políticas se hicieron evidentes incluso entre los hombres escogidos por la Corona. Estas tensiones también se manifestaron en el ámbito eclesiástico, como se observa cuando fray Juan de Quevedo ocupó el obispado. Surgieron entonces diferencias entre el obispo y Pedrarias, incluso a propósito de un juego de naipes. Así lo describe el cronista: “Y el Obispo le trató mal de palabra, pero poco vivió después...” (Oviedo, Libro XXIX, cap. XII, p. 115).
Ni las leyes ni los discursos orientados a corregir la práctica de los juegos de naipes y de azar resultaron efectivos; estas disposiciones no lograron modificar dicho comportamiento. Por el contrario, estas prácticas permanecieron arraigadas y asociadas al ocio, que se transformaba en una forma habitual de diversión.