- domingo 28 de noviembre de 2021 - 12:00 AM
La literatura de la época republicana se gesta bajo la modalidad modernista; sin embargo, todavía había resabios del romanticismo y el realismo costumbrismo español, dado que se producía la transición del romanticismo al modernismo en las figuras de Jerónimo de la Ossa, (1847-1907) Federico Escobar (1861-1912); y Rodolfo Caicedo (1868- 1905).
Las secuelas de la Guerra de los Mil Días hacían difícil crear un ambiente propicio para la narrativa de calidad. A excepción del cuento modernista de Darío Herrera, quien según el profesor Franz García de Paredes, es el narrador más representativo de su generación y uno de los más destacados del modernismo'(p.2), aunque el ambiente de sus cuentos no se desarrolla en el marco local. Para Rodrigo Miró: ‘El ocaso modernista coincide con el fin de la guerra del catorce y supone, además, una baja en la estima de lo literario. (pag. 263).
La prosa y poesía de Ricardo Miró constituyen una reacción contra el cosmopolitismo y el exotismo de la poesía y narración modernista. Mientras que Amelia Denis de Icaza sigue con su estilo romántico al publicar ‘Al Cerro Ancón' (1906) donde denuncia la apropiación de este cerro por los norteamericanos, Miró en su poema ‘Patria' (1909), con su rasgo neorromántico, no acude a los elementos y ambientes exóticos y fantásticos del modernismo, que hemos visto en los poemas de Gaspar Octavio Hernández y en los cuentos de Darío Herrera, sino que manifiesta una memoria afectiva proyectada a través del paisaje nacional tropical, ‘donde es el mar más verde y más vibrante el sol'.
Pero en el género narrativo, hay un grupo de escritores nacionales que intentan seguir el camino mundonovista de Ricardo Miró, pero producen una narración vernacular carente de imaginación y de escasa calidad literaria.
Esa baja calidad se aprecia en las publicaciones de la década del 20 con la novela ‘Felisa' (1921), de Pedro A. Silvera, que plantea situaciones ajenas a la problemática social campesina.
Bajo esa línea estética siguen Ignacio de Jesús Valdés, José E. Huertas, José María Núñez. Pero estos no trascendieron más allá de un costumbrismo superficial carente de intención social e intelectual.
En la década del 30, aparece ‘El sueño de Serafín del Carmen' (1931), el primer cuento de Rogelio Sinán, que rompe con el realismo costumbrista imperante. En este grupo se incluyen Roque Javier Laurenza y Manuel Ferrer Valdés. Durante ese período, la influencia del vanguardismo en Europa y la doctrina del realismo socialista divulgada en París en 1934 fue determinante en ese cambio, que incidiría en las décadas siguientes.
No obstante, hubo novelas históricas románticas como ‘Vasco Núñez de Balboa', (1934) y ‘Tierra firme' (1940), de Octavio Méndez Pereira, que frente a la presencia norteamericana buscan reivindicar a España. Este patriotismo extremo matizaría un pensamiento neocolonial, que mitificaría la imagen de Balboa, además, excluiría a una parte de la población panameña: la afrodescendiente e indígena, ya que se inscriben en la dialéctica de la ideología civilización/barbarie.
A partir de 1939, se inicia la Segunda Guerra Mundial que impacta en la movilización del ejercito norteamericano en el área canalera.
Motivados por el nacionalismo y la literatura comprometida, la problemática social asoma ante sus ojos como material literario, por lo que la temática del problema socio-político del campesino, asume una visión revolucionaria y la temática canalera también comenzaría a gestarse en la figura de Joaquín Beleño.
Entre otras obras que enfocan la temática de la realidad rural desde esa visión estético-ideológico, figuran ‘El Cabecilla' (1944), de José Cajar Escala, novela que se enmarca en el nativismo y la denuncia, además representa un nuevo carácter novelesco, dentro de otras vertientes o tendencias literarias de esa época.
Las novelas ‘San Cristóbal' (1947) y ‘Desertores' (1949), de Ramón H. Jurado entran en esa temática ruralista e histórica. Con San Cristóbal, el ambiente rural va a constituir como la simbología de la esencia de la nacionalidad, ya que es la región cuya población es nativa, y no se encuentra contaminada por el cosmopolitismo de las ciudades terminales de Panamá y Colón por ser zona de tránsito y la presencia de extranjeros.
Ramón H. jurado lo señalaría como ruralismo para resaltar la identidad panameña frente al cosmopolitismo de las ciudades terminales. En el caso de ‘Desertores', cuyo referente se basa en la vida de Victoriano Lorenzo y su participación en la Guerra de los Mil Días, se presentan las acciones de personajes sobresalientes en la historia de nuestra vida departamental y republicana.
Como hemos observado, en la novelística panameña se destacan tres ejes temáticos: lo rural, lo histórico y lo antiimperialista.
En este último, entran inicia su trilogía del Canal, que completará con ‘Luna Verde' (1941), ‘Curundú Lane' y ‘Gamboa Road Gang' (1956 y 1960), que marcaría la transición hacia la literatura contemporánea de matiz más universal.