‘Ser lesbiana no es ni pecado ni delito’
- domingo 29 de mayo de 2011 - 12:00 AM
V alentina Hernández y su novia Johana Araúz se tomaron de la mano la mayor parte del tiempo que duró la entrevista.
La pareja, que tiene cuatro meses de noviazgo, ha aceptado conversar sobre ese sentimiento que les corre por las venas y que les ha traído problemas con la ley.
El 27 de marzo, Johana (nombre ficticio), de 24 años, fue arrestada por más de cuatro horas por besar a Valentina en la plaza Catedral, ubicada en San Felipe. Era las dos de la tarde de un domingo. Se disponían a buscar un paisaje para dibujar un boceto de sus clases de artes visuales.
Ninguna se atribuye la iniciativa. El beso surgió de un cruce de miradas, de una espontaneidad propia de dos enamoradas.
- Ustedes no pueden hacer eso, les reprendió uno de los dos agentes del Servicio de Protección Institucional (SPI), que les hizo el alto.
¿Qué falta he cometido?, preguntó Valentina.
No hubo respuesta. Los de la SPI hablaron en código por sus radios, mientras Valentina y Johana descifraban en sus miradas una cuota de morbosidad.
A los minutos, había en el lugar una decena de policías que terminaron llevándose a la pareja a la Subestación de El Chorrillo.
A V alentina, quien es psicóloga, la dejaron ir, pero se rehusó y se quedó en la sala de guardia esperando a su novia.
- No entiendo por qué la detuvieron y la metieron en una celda insalubre, sin razón alguna, reflexiona. Antes de ser conducidas a la subestación, Valentina asegura que la ‘tantearon’ cuando una de las policías, al revisarla, le tocó sus partes íntimas.
Luego de varias llamadas y de la presencia de unos amigos que fueron por ella, la dejaron en libertad.
Johana tiene una nube de cólera en su cabeza, por lo que pasó ese domingo. Para maniatar esa rabia, ha organizado, junto a Valentina, la campaña ’un besito no es delito’, que se realizará hoy domingo 29 de mayo en la plaza Catedral a las 2:00 de la tarde. Justo al frente de la iglesia católica donde la arrestaron.
La actividad trata de regalar besos y afectos entre los que participen. El mensaje que quieren enviar a la Iglesia y a las autoridades es ‘claro’ y de cierta manera, desafiante, ‘ser lesbiana ni es delito ni pecado’.
Valentina y Johana han aceptado ser entrevistadas en la Escuela de Artes Visuales, en el Domo, de Curundú.
Valentina, de 32 años, al ver que el fotógrafo buscaba afanosamente el mejor ángulo para retratarla, interrumpe el diálogo incipiente.
-No quiero fotos, en todo caso, debo verificar las imágenes, y es en serio, sentencia como parte de las reglas que condicionan el encuentro.
El fotógrafo retrocede, ella se relaja y toma la iniciativa.
- Qué quieren saber, a ver, pregúntenme, comenta.
- Están enterados tus padres de la relación que tienes con Johana, le respondo.
- Sí, mi mamá la conoce y yo conozco a la madre de ella. Todavía, las cuatro no vamos juntas al cine, pero espero que llegue ese día, dice, mientras suelta una carcajada que es apoyada por una risa pícara de Johana.
Valentina ha tenido novios, pero hace tres años descubrió que le gustaban las mujeres, fue entonces cuando definió su inclinación sexual.
Johana asegura que desde que tiene uso de razón sintió atracción por las mujeres, pero no fue hasta los 19 años que se atrevió a comentárselo a sus padres.
-¿Creen en Dios?, le cuestiono.
- Soy atea, contesta Valentina.
- Soy cristiana, pero me expulsaron hace un tiempo de la iglesia, responde Johana.
- ¿Creen en la orientación sexual?
- La orientación sexual es un mito. Cada persona tiene derecho a compartir su sexualidad y afectividad con una persona de cualquier sexo, explica Valentina.
Valentina describe a Johana como una persona maravillosa, inteligente y con mucha capacidad.
- Jamás pensé que en Panamá hubiese una mujer como ella. Si volvería a enamorarme, sería de Johana, afirma con seguridad, mientras le aprieta la mano a su pareja.
Johana se ha mantenido callada, ha dicho pocas palabras y le ha cedido, desde el principio, la iniciativa a su pareja. Con un tono de voz agudo, Johana dice que no quiere hablar de lo que pasó ese domingo ni de la relación.
Valentina y Johana han accedido a darse un beso para ilustrar la nota.
Salen del salón 102 donde se pactó el encuentro. El pasillo está solitario. Se paran de frente, se toman de la mano y sus labios se unen mientras el flash de la cámara captura el beso.