José Levy Pino, el ojo de la crónica roja que marcó a El Siglo

Tras 22 años en la crónica roja, el fotógrafo recuerda su legado en El diario del Pueblo

Durante más de 22 años, José Levy Pino recorrió las calles capturando la realidad más cruda para el diario El Siglo. Hoy, vive un retiro sosegado, dedicado por completo a su familia y a su gran pasión: las carreras de caballos.

Sin embargo, en el marco del 41 aniversario de El Periódico del Pueblo, Levy hizo un alto en su retiro para revivir, entre recuerdos y emociones, sus años de entrega en la redacción.

Su historia en el tabloide comenzó en 2002. En aquel entonces, el director Edmundo Dante Dolphy buscaba un fotógrafo de sucesos.

Levy, recién jubilado del Departamento de Relaciones Públicas de la Policía Nacional, recibió la llamada de su colega Manuel Buenaventura con la propuesta. No lo pensó dos veces: acudió a la redacción, superó la “prueba de fuego” y se convirtió, casi de inmediato, en el fotógrafo estrella de la crónica roja.

“Recuerdo que mi primera foto fue la de un accidente en ‘La Loma de la Muerte’, en Tocumen”, relata Levy. “Cuando bajé al barranco para captar la escena, el impacto fue total: los restos de la víctima estaban esparcidos sobre el timón”. Aquella imagen fue el bautismo de fuego para una cámara que, desde ese día, se volvió su compañera inseparable en escenas de crímenes, accidentes y tragedias.

Los números de su carrera son impresionantes: “De los 365 días del año, unas 300 de mis fotos terminaban en la portada”, comenta con orgullo.

A pesar de que en su época no existían las redes sociales, Levy siempre se las ingeniaba para ser el primero en llegar. Con el tiempo, vio cómo la línea editorial evolucionaba: “Cubrí hechos muy violentos, pero luego las cosas se suavizaron y se dejaron de publicar imágenes tan crudas”.

Para Levy, El Siglo fue más que un trabajo; fue su segunda casa. Hoy, tras haber “colgado los guantes”, su fiel cámara ha pasado a manos de sus nietos, quienes ahora la usan para retratar alegrías familiares y graduaciones.

Aun así, en el silencio de su retiro, Levy todavía recuerda la adrenalina de aquel teléfono sonando a medianoche o de día anunciando el próximo muerto y la próxima portada.