El hermano Hernando De La Cruz

(Fernando de Ribera) el primer pintor panameño de la colonia
  • miércoles 09 de octubre de 2019 - 12:00 AM

En el contexto de la cultura hispanoamericana colonial figura el nombre de Fernando de Rivera (1591-1646), un personaje desconocido para la mayoría de los panameños. A pesar de que en sus inicios se dedicaba a la poesía, su oficio fue de pintor y religioso. Nació en la ciudad de Panamá. Fue hijo de los hidalgos sevillanos don Fernando de la Vega y Palma y doña Leonor de Ribera (Rivera). Inicia en la Iglesia-Convento de la Merced, de la Compañía de Jesús, con el nombre de Hermano Hernando de la Cruz. Como religioso ocupó el cargo de maestro de novicios, curato de la Capilla, entre otras funciones internas. Según narra su biógrafo, el padre Jacinto Morán de Butrón, al vestir el hábito de hermano jesuita tomó el nombre de Hernando de la Cruz con que es conocido en la historia. En su nuevo estado renunció a la poesía y a la esgrima– arrojó al fuego todas sus composiciones, no así las pinturas, porque sus superiores le ocuparon en el ejercicio de pintar, a que acudió con toda prontitud y gusto. Era primoroso en este arte y cuando dibujaba el pincel en el lienzo, lo ideaba antes en la meditación y oración. A su trabajo se debieron todos los lienzos que adornaban la iglesia de la Compañía en su tiempo, así como los tránsitos y aposentos de la residencia jesuita y demás casas en la provincia.

Según Arce y Sosa (1911:170), muchos hijos de Panamá ingresaron a la Orden de los Jesuitas como es el caso de D. Fernando de Ribera por la abnegación y virtudes propias de esta orden religiosa.

El citado biógrafo escribió que Hernando de la Cruz había llegado a manejar las armas con tanto pulso y acierto que muchos caballeros de Panamá le buscaban para adiestrarse con él. Pero en el arte donde más se descolló fue en la pintura, aunque en sus principios era más que pasatiempo; pero luego se sobresalió como pintor. Morán de Butrón señala que ‘Muy amable hicieron en Panamá tan lúcidas prendas a D. Fernando de Ribera, pero quiso Dios que mejorase de fortuna abandonando su patria y sus parientes.' (p.231)

Son muchas las obras que escribe y pinta Fernando de Ribera entre las cuales cabe mencionar: Canción a la Buenaventurada Virgen Mariana de Jesús y, Oración a Mariana de Jesús. Fernando de Ribera funda una Escuela de pintura y realiza varios lienzos de temas religiosos que se encuentra en la Iglesia- Convento de San Francisco de Quito, como La Azucena de Quito, La Virgen María y el niño Jesús, San Ignacio de Loyola en la Iglesia de La Compañía de Quito, El Infierno, La Resurrección (El Juicio). Se afirma dejó un discípulo en el hermano franciscano indígena llamado Domingo y junto al frayle Diego Hernández se les conoce en la orden como los primitivos, por su estilo pictórico.

Cabe aquí destacar sus dos conocidos obras pictóricas gigantescas halladas en la entrada del templo actual de la Compañía, El Infierno o las llamas infernales y El Juicio Final o la resurrección de los predestinados, obras estas que causaron efectos terribles en la mentalidad supersticiosa de esa época colonial, ya que eran imágenes que predicaban y producían muchas conversiones en la población..

Ambos lienzos pintados en 1620, hasta finales del siglo XIX fueron sustituidos por su condición de deterioro y fueron copiados. En ambas pinturas se aprecia el tema efectivista cuya función era demostrar los tormentos que padecen las almas de los pecadores. Como arte propio del barroco español, es una pintura que refleja la ideología de la contrarreforma cuyo fin es moralizar y enseñar a la manera de una obra de propaganda. La técnica que emplea, según los críticos, es pobre y lineal, dado que, por ser una obra moralizadora, se descuida en la profundidad de sus figuras. Según la descripción que hace su biógrafo Morán de Butrón, sobre la pintura el Infierno, destaca que delineó el infierno con todos los horrendos, extraños y rigurosos castigos de la divina justicia sobre los miserables que lloran su fruto por toda una eternidad su desdicha.'(p.235)

Estas aseveraciones técnico-temáticos de sus pinturas se puede comprender en el sentido de que Hernando de la Cruz vivió la época de tenebrismo en la colonia, donde las penitencias y las mortificaciones constituían algo usual para obtener el favor divino y había que aprender diariamente a morir para ganar la vida eterna, propio de la Contrarreforma.

El hermano Hernando de la Cruz fallece en la ciudad de Quito, Ecuador, donde fue regente de un taller entre 1622 y 1646. Morán De Butrón termina diciendo que muerto Hernando de la Cruz, ‘corrió el funeral por cuenta de los reverendos padres de la Merced'. (p.238).