La Guerra de los Mil Días 1899-1902

La Batalla del Puente de Calidonia
  • lunes 25 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

En el trayecto del interior hasta la batalla de La Negra Vieja, se unían los campesinos al mando del ejército dirigido por el Dr. Belisario Porras. Ya bajo el control de los liberales de Chame y Bejuco, la dirección del ejército decidió avanzar hacia La Chorrera.

Estacionados en La Chorrera, el ejército liberal planeó la estrategia de ataque, con base en tres direcciones: el primer grupo avanzaría en barcazas hasta Farfán y el segundo grupo pasaría de Arraiján, y en sigilo, a Cosolí y pasando la línea del ferrocarril para trasladarse a Corozal. Este contingente mantendría comunicación con el tercer grupo al mando del oficial Ramírez con 250 milicianos y observarían desde tres sectores: El Cangrejo, Bella Vista y Peri Gil.

El ataque sería combinado por varios sitios y en forma simultánea para evitar la respuesta del ejército conservador. Escribió el coronel Domingo De La Rosa el escenario antes del desastre del puente de Calidonia, lo siguiente: ‘A la madrugada del 24 divisé, desde la playa de El Trujillo, la flotilla enemiga anclada en Punta Paitilla, y penetré desde luego el alcance de las operaciones ejecutadas por las fuerzas revolucionarias durante la noche. Era que los batallones que no habían podido desembarcar por el puerto de La Boca, habían resuelto trasladarse por agua a las posiciones de Peri Gil para reforzar allí al general Herrera y hacernos un ataque más intenso y poderoso' (p. 98). Todo lo dispuesto para el ataque había sido verificado también por Carlos A. Mendoza, jefe de Operaciones; Eusebio A. Morales, en calidad de secretario de Gobierno; y Emiliano Herrera, jefe de Operaciones. Y bajo la dirección del jefe Civil y Militar Dr. Belisario Porras. Los batallones estaban conformados por los Libres de Chiriquí, al mando del general Manuel Quintero Villarreal; Escuadrón Patria integrado por jóvenes de Las Tablas y Guararé; Azuero, integrado por muchachos santeños.

La movilización del ejército liberal fue difícil y debieron sortear las dificultades. Teniendo presente el no alertar a los conservadores sobre el avance hacia la ciudad. A pesar de eso, fueron avistados por los conservadores y, en tanto, Arosemena Quinzada escribió: ‘los batallones que debían salir a la vía férrea comenzaron a moverse en dirección de Arraijan, y al entrar a Corozal fueron atacados por fuerzas conservadoras comandadas por el general Albán y en dos horas de furioso combate estos sufrieron la más tremenda derrota sin precedentes, al punto que el mismo general Albán perdió el caballo. Esta victoria abrió el camino al ejército liberal para ocupar la plaza de Panamá' (p. 83).

Un contingente del ejercito liberal salió del campamento de Corozal hacia las colinas de Peri Gil (exactamente donde se encontraba antes el colegio Javier). Entre ellos el batallón del general Castillo y el segundo al mando del general Ramírez. Se pasó revista a la tropa y revisaron sus rifles. Un joven liberal actuó de espía el 23 de junio y, en la noche, se acercó a las trincheras y observó las posiciones enemigas. Al regresar al campamento de Peri Gil, puso en conocimiento al general Emiliano Herrera sobre las condiciones de defensas del puente de Calidonia. Y la respuesta fue: ‘No importa tendrán sus difuntos'.

El ejército conservador se había parapetado en el puente de Calidonia reforzando las defensa con acero y colocando cañones y ametralladoras desde una posición ventajosa. Mientras eso ocurría, los otros batallones liberales aún no habían ocupado sus posiciones para realizar un ataque certero y en conjunto.

En Farfán, el general liberal, imprudentemente, hizo descargas innecesarias que pusieron en alerta a los conservadores del cerco que se avecinaba. El general Emiliano Herrera partió a la batalla sin esperar los refuerzos respectivos para hostigar a los conservadores y hacer detonaciones rodeando la ciudad. El resultado fue la descarga de las ametralladoras que disparaban desde las trincheras del Puente de Calidonia. Los bravos liberales avanzaban y eran barridos por la metralla. Habían entrado al ‘callejón del infierno' empezaron a caer los fieros soldados entre ellos Temístocles Díaz, Joaquín Arosemena, el poeta Adolfo García, Fabio Tejada, Diego Miranda.

La escena dantesca de fuego y espanto asomaba sus bocanadas de humo y pólvora quemada. Brazos y piernas destrozadas esparcidas en la llanura de Calidonia. ‘Así fueron diezmados por mil bocas de fuego de fusilería instaladas en la colina Tívoli. Sin embargo, al grito ‘Viva el partido Liberal', volvían a la carga con coraje, frente al enemigo, viéndose caer por doquier cientos de muertos y heridos. Así era bañada la tierra istmeña, en enconada lucha con sangre de héroes' (p. 84).

El 24 de junio de 1900, los bravos liberales caían y se derretían como estatuas de cera ante el fuego de los cañones. Los refuerzos llegaron tarde. Días después, la cifra de caídos liberales había llegado a 600. Todo estaba consumado. Luego, se firmó un acuerdo de paz y los valientes pasaron a la clandestinidad o tuvieron que roer el duro pan del exilio.

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