La golpiza que nunca olvidará
- lunes 23 de junio de 2014 - 12:00 AM
Cada vez que Rafael Martínez tiene a un policía cerca, sus nervios se alteran. Revive los recuerdos de aquella golpiza que le propinaron dos agentes de la Policía Nacional (PN) que le dejó el rostro irreconocible aquel 9 de septiembre de 2012.
Han pasado 21 meses, pero para este joven de 26 años, todo parece haber ocurrido ayer.
Rafael debió graduarse ese año de ingeniero naval, no obstante, fue hasta noviembre de 2013 que pudo obtener su título, pues debido a la golpiza tuvo que someterse a una terapia que le costó cerca de $4 mil.
Con este dinero, Rafael pagaría los gastos de su graduación y los documentos para poder embarcarse como oficial de marina.
De aquella golpiza propinada por el subteniente Boris Rodríguez Morales, y el agente Mario Alberto Rodríguez y otros siete policías más, Rafael tiene pendiente una cirugía en el tabique y un tratamiento psicológico que no ha podido costear.
Curarse de los moretones le lomó un mes y medio.
‘Yo nunca he tenido problemas con la justicia, el cuartel de San Miguel lo conocí hasta ese día’, contó Rafael, quien reside en un apartamento en el sector de Calidonia, desde que nació.
Condena
El pasado 12 de mayo, en el Juzgado Séptimo Penal se llevó a cabo el juicio contra los dos agentes de la PN que golpearon a Rafael. Ambos fueron acusados de lesiones personales y torturas.
La demanda por este incidente fue interpuesta por el abogado y padre de la víctima Rafael Martínez el 12 de septiembre de 2012.
Veinte meses tuvieron que pasar para que el subteniente y el agente de la PN fuesen condenados a 52 meses de prisión y dos años de inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas, según dicta el fallo que lleva la firma del juez Felipe Fuentes.
Pese a que ya hay una sentencia, la defensa de los policías presentó un recurso de apelación que los mantiene libres y ejerciendo sus funciones.
La Fiscalía Quinta también apeló la sentencia, pues Fuentes admitió que hubo un error en la cantidad de años de pena.
Martínez, padre, señaló que actos como estos se dan dentro de las paredes de la PN, pues la institución se ha convertido en ‘una cueva de ladrones, abusadores y malhechores’.
Ahora, Rafael, el mayor de dos hermanos, busca cómo recuperar el tiempo perdido en la espera de que se haga justicia.