Esplendor de un lago que se apagó por la contaminación

Animales silvestres, brisa, agua fresca y un sitio turístico se perdieron para siempre, cuando la laguna quedó a su suerte.
  • lunes 03 de junio de 2019 - 12:00 AM

‘Allá en mis años mozos, y perdonen la distancia, resultó que en esta estancia hubo un crimen misterioso', recitó Jaime Guardia Bósquez, ‘La leyenda del Cedrón', escrita por Juan Pedro López, al ser consultado por la historia del lago de Los Andes.

Al crimen que se refiere Jaime es a la contaminación que ha sufrido el lago, donde él vivió bellas experiencias con su familia, pero ese sueño dorado solo reposa en su memoria.

El lago de Los Andes, ubicado en San Miguelito, nace producto de una excavación en una cantera, de la que brotó un ojo de agua. Se desconoce en qué fecha surgió, pero ya para 1980 niños y adultos lo usaban como un balneario. Este tiene unos 80 metros de largo y 30 metros de ancho.

Jaime, recuerda, como si fuera hoy, el día que el general Omar Torrijos Herrera le entregó, un 9 de octubre de 1976, la llave de su casa en la barriada de Urbanización de Los Andes.

‘Estaba encantado con el lugar y más con el lago, pues luego de vivir 10 años en Perejil, Calidonia, podía contemplar de nuevo la naturaleza', expresó.

‘Ese día el general Torrijos Herrera nos dijo, pendejos son si se dejan quitar esto', recordó.

Jaime, quien era maestro, oriundo de Penonomé, quedó enamorado con la barriada y contaba los días para poder habitar su hogar, junto a su esposa Rufina Morán de Guardia. Pero fue un 23 de diciembre de aquel año, que pudo hacerlo. Él tenía más de 40 años, para ese entonces.

Aquellos tiempos fueron los más bellos. Cuenta como él, los fines de semana, se iba junto a su esposa y con sus cinco hijos (Jaime, Miguel, Albin, Indra y Hernán) a contemplar lo hermoso del lago y su alrededor lleno de árboles, donde pasaba una brisas que sólo recordar se llena su alma de felicidad.

Tiene aún la imagen grabada de sus pequeños tirándole piedritas a la laguna y corriendo como locos jugando junto a sus vecinitos. ‘Su niñez fue hermosa, porque también recorrían los cerros, que están cerca de la barriada. Recordarlo me llena de emoción', confesó.

Aun recuerda cómo él se escapaba los domingo, por dos horas, a pasear en un bote inflable, en aquel estanque al que ahora solo da tristeza ver.

Por lo precioso que era el lago, algunos residentes, como Jaime, se acercaron a las Naciones Unidas, quienes acudieron al lugar y quedaron encantados. La idea era hacer un sitio turístico e, incluso, colocar un mirador. Esto ocurrió en el año 1985.

Está bien cuidado por el sargento Pedro Cedeño, quien le metió el corazón a este estanque. Alrededor de esa laguna había un rancho, hasta un vivero de árboles como de cedro, guayacanes y un parque.

Según Jaime, no pasó tres años cuando el personal de este organismo internacional, volvió al sitio, pero la impresión fue diferente: ya el lago, estaba contaminado. ‘La mujer de Naciones Unidas exclamó que cómo Panamá permitió eso'.

El deterioro del lugar vino cuando el sargento Cedeño fue trasladado.

Los hijos de Jaime no habían culminado sus estudios en la secundaria cuando ya el lago estaba ‘vuelto leña' como se dice en buen panameño.

Otra anécdota que contó Jaime fue cómo un domingo sus hijos fueron a explorar con sus amiguitos y trajeron a su casa un mono tití. ‘Agarramos un monito papá y nos vinimos corriendo', le decían sus hijos al maestro, quien dijo que ese pequeño animal se hizo parte de su familia por cinco años. ‘Ahí ese terco mono', señaló entre risas.

A sus 84 años, Jaime ve ahora con tristeza, la condición de esta laguna. Solo hace cuatro días fue y no dudó en comparar cómo era antes, pero por el poco importa de las autoridades, que cedieron terrenos, incluso del lago para hacer residencias, se acabó el esplendor del lago, que sus siete nietos y cuatro bisnietos solo podrán conocer a través de cuentos y pocas fotos.

‘Ya que le queda a uno de viejo, que contar a los nietos las historias y todos los ciudadanos que se acercan a ver lo que quedó de ese', aseguró.

Actualmente se ha convertido en un centro de desperdicios. Bajo el agua del lago de Los Andes, además de basura hay maquinaria pesada y otra porquería.

A pesar que en ese lago ocurrieron ahogamientos, incluso cayó un tractor, que nunca se encontró, Jaime es fiel creyente, que con medidas de seguridad, se podía convertir el lago en un sitio turístico, el cual se debía defender a capa y espada. Y que más que para bañarse, era para pasear, para que los niños jugaran y pasaran un rato en familia, ya que como cada lago de piedra, su agua era extremadamente fría.

‘Todo se derrumbó', como dice la canción resaltó el maestro. Ahora solo da tristeza y decepción lo que queda de ese lago.

A pesar de la impotencia porque no se salvó la laguna, Jaime, culminó la entrevista, deseándome bendiciones y, a la vez, suspirando, al alegar ‘me hizo el día, al recordar gratos momentos, que solo reposarán fielmente en mi memoria'.