Epidemia y Salud en Panamá

Enfermedades durante la construcción del Canal Francés - Parte 18
  • martes 09 de febrero de 2021 - 12:00 AM

La obra francesa de construir un canal cubrió los titulares de los diarios. Con una estruendosa venta de acciones que inició el 7 de diciembre de 1880. Promocionados por los diarios franceses y los inversionistas desbordaban en entusiasmo. Se montó una maquinaria de propaganda ocultando el desastre de las víctimas en la construcción del ferrocarril (1850- 1855). En especial las muertes de los inmigrantes chinos muy disimulada con la excusa que su suicidio era producto exclusivo de la falta del opio.

El conde de Lesseps era la imagen del triunfo del canal en Panamá. Las muertes resultado de las enfermedades y accidente eran disminuidas para no afectar el negocio. Los doctores Luis A. Picard Ami y María J. de Meléndez (El suicidio de los chinos. Revista Lotería. 1979) presentan dudas sobre que el suicidio fue exclusivo de la falta de la droga. A mi parecer hay que sumar la esclavitud y los engaños y las promesas de un buen salario. Al obrero chino se le descontaba el viaje y la alimentación quedándose el trabajador con unos cuantos pesos. A la vez de incluir también la travesía metidos en el sótano de los barcos en jaulas como bestias y la falta de atención médica.

No eran tratados como seres humanos eran considerados como bestias de trabajo en un periodo donde empezaba la eliminación de la esclavitud. La literatura de la época trata sobre la tristeza, el auto ahorcamiento utilizando la moña del cabello. O degollados también tirándose el obrero chino por sobre los filosos instrumentos de trabajo o sentados en la playa para que la marea hiciera el holocausto final.

Un espectáculo de propaganda sangrienta sin explicar que igual se dieron muertes y enfermedades de obreros de otras nacionalidades durante la construcción del ferrocarril. Ya demostrado también en el canal francés sea por la malaria o la fiebre amarilla, es el caso del vicecónsul de Inglaterra Mallet, quien se integró a una expedición de 22 funcionarios y trabajadores todos enfermaron con la ‘fiebre del Chagres.' Solo sobrevivieron 12.

Al divulgarse el suceso intentaron cambiar el dictamen sin resultado. Ya hemos explicado en el artículo anterior (parte 17) los síntomas que padecían los pacientes, escalofríos y temblores en todo el cuerpo durante 15 minutos. El ruido de los intermitentes saltos se escuchaba el traqueteo de las patas de las camas semejante a un temblor. Luego sobrevenía lo peor en terribles dolores del cuerpo y el sudor inundaba todo el cuerpo y la cama.

La garganta se secaba y el salivar era un alivio para refrescar la parte interior de lo boca. La vuelta al titiriteo de los dientes se repetía cuando menos se esperaba alarmando más al paciente que le era imposible controlarse. El miedo de los enfermos se exacerbaba al observar a un compañero dar sus últimos suspiros en irrefrenable sensación de angustia. Llegar al hospital era sinónimo de entrada al cementerio a pesar de la asistencia de las hermanas de la Caridad.

Los obreros se debilitaban con pesadez y fuertes dolores de cabeza. Los sobrevivientes de la virulencia y la sacudida de la enfermedad tenían dos opciones retirarse a un lugar tranquilo o volver al trabajo con gran porcentaje de recaída. Incluso era muy probable la recaída, aunque el paciente estuviese en un área de descanso fuera de las labores cotidianas. Solo el descanso era un temporal paliativo, pero no la cura de las enfermedades, aunque existirá buena alimentación. Así la alternativa era muy relativa para el cuidado del obrero, ingeniero, topógrafo o alto jefe de la compañía.

¿Cuándo podría producirse el deceso según David M. en relación la enfermedad de la malaria o fiebre amarilla? Escribió lo siguiente: ‘La mortalidad entre los que tenían la enfermedad variaba muchísimo, debido a que iba de 12 a 15 por ciento hasta un 70 por ciento. Hablando en términos generales, un enfermo de fiebre amarilla en Panamá, en 1800 tenía menos del 50 por ciento de probabilidades de salvarse.'

Es que al llegar a más del 50 por ciento no había medicamento que pudiese controlar la enfermedad a pesar de hospitales y la dedicación de los médicos. El problema principal era la erradicación del mal. El intento no sobrepasaba los esfuerzos, el mal se consideraba resultado de los vapores tóxicos que emanaba de la tierra. Mejor conocido como el miasma que se encontraba en el interior de la tierra. Sin embargo, los estudios sobre causas que aparecían improbables como el mosquito tenía ya su campo recorrido de investigación con Finlay en Cuba.

Los datos de la experiencia de los médicos franceses en Panamá y Colón determinaron que incluso a pesar que un paciente sobreviviera especialmente en el trópico. Aunque se trasladase a otro sitio era muy probable que la malaria fuese imposible detenerla y la fiebre amarilla acechaba igual creando un miedo incontenible.

HISTORIADOR