Entrega especial: Enfermeras y enfermeros que dejan huellas
- miércoles 13 de mayo de 2026 - 12:00 AM
Dinora Rodríguez, Fred Alexander Martínez Bonilla y Ashly Martínez tienen algo en común: ninguno soñó con ser enfermero. Lo que para algunos comenzó como un cambio inesperado de carrera y para otros como una decisión tomada por presión de amigos, terminó convirtiéndose en una vocación que hoy defienden con orgullo, entrega y pasión.
En el marco del Día Internacional de la Enfermería, sus testimonios dejan al descubierto la realidad de quienes, lejos de los reflectores, sostienen vidas con sus manos, su vocación y un profundo sentido de servicio.
Para Dinora Rodríguez, enfermera con 45 años de servicio en la Caja de Seguro Social, la enfermería llegó cuando decidió abandonar tres años de estudios en Arquitectura. Ni siquiera su madre, también enfermera, aprobaba ese cambio. Sin embargo, el tiempo le dio la razón.
“Si me tocara elegir de nuevo, volvería a ser enfermera”, afirma con orgullo y con una sonrisa dibujada en su rostro.
Desde la Asociación Nacional de Enfermeras y Enfermeros, Dinora recuerda que uno de los momentos más duros de su carrera fue enfrentar la pandemia por covid-19 mientras laboraba en la Policlínica “Dr. Manuel Ferrer Valdés”. Confiesa que sintió miedo, como cualquier ser humano, pero el amor por servir a la población fue más fuerte.
De sus 45 años de experiencia, 42 han estado dedicados a la pediatría, especialmente al cuidado de recién nacidos de alto riesgo. Define la enfermería como una profesión científica, cristiana y de mucha fortaleza, donde el servicio debe ejercerse siempre con amor.
La historia de Fred Alexander Martínez Bonilla tampoco estaba escrita en una sala hospitalaria. Su sueño era ser docente de inglés, pero por insistencia de sus amigos terminó matriculándose en enfermería. Lo curioso fue que, de todo el grupo, solo él logró aprobar la prueba de ingreso.
Hoy, tras 20 años de trayectoria entre el Hospital Santo Tomás y el Ministerio de Salud, donde actualmente se desempeña como asesor y docente, asegura que encontró su verdadera misión.
“Ser enfermero es un llamado. No todo el mundo puede ejercer esta profesión. Hay que sentir ese deseo genuino de ayudar y servir”, expresó.
Bonilla sostiene que la formación nunca termina y exhorta a las nuevas generaciones a capacitarse constantemente. Como docente, asegura que “el enfermero es un diamante en bruto que necesita ser pulido desde la universidad, fortalecido con la experiencia y guiado por el amor a la profesión”.
Por su parte, Ashly Martínez, de 26 años, representa la nueva generación. Desde 2023 trabaja en el área de urgencias del Hospital Santo Tomás.
Aunque tampoco soñó de niña con esta profesión, encontró en la enfermería la combinación perfecta entre ciencia y cercanía humana, algo que siempre la ha caracterizado. La joven, coronada el año pasado como Reina Centenario de las Enfermeras, reconoce que uno de sus mayores desafíos ha sido aprender a contener las emociones de los familiares en los momentos más difíciles.
“Panamá necesita enfermeros apasionados, con ganas de crecer y servir”, manifestó.
Los tres coinciden en algo: la enfermería no es solo una carrera; es una verdadera vocación, una misión silenciosa que exige sacrificio, corazón y valentía.
Retos. Hace 21 años, Felipe Ríos llegó a la Asociación Nacional de Enfermeras y Enfermeros de Panamá (ANEP) como un joven recién graduado que tocó la puerta en busca de apoyo. Hoy, ese mismo profesional se convirtió en el primer hombre en presidir la organización en sus 100 años de historia, rompiendo barreras y asumiendo el desafío de liderar en uno de los momentos más complejos para el gremio.
Desde sus primeros años atendiendo a personas privadas de libertad hasta dirigir la salud penitenciaria, Ríos trazó en su mente el impulso de crecer dentro de la ANEP. Ese camino lo llevó de coordinador de comisiones a secretario, hasta asumir una presidencia marcada por retos urgentes, entre ellos el desempleo de al menos 3,000 enfermeras egresadas desde 2020, cifra que aumenta si se suman los técnicos de enfermería.
Mientras miles esperan una plaza, el personal activo enfrenta una fuerte sobrecarga laboral. “Necesitamos crear plazas porque la población lo requiere. Hacen falta más enfermeras en salas de hospitalización, cuidados intensivos y urgencias”, expresó Ríos, al señalar que muchos colegas deben doblar turnos y asumir jornadas extraordinarias debido a la falta de recurso humano.
“Siempre lucharé para que tengan mejores días”, aseguró.
Actualmente, más de 7,000 enfermeras forman parte del sistema de salud, y para Ríos el país aún tiene una deuda pendiente: garantizar una adecuada proporción de enfermeros por paciente, así como establecer un modelo claro que permita planificar cuántos profesionales egresan y cuántos se incorporan al sistema.