El día que me encontré con el ‘Diablo' frente a frente

es un personaje muy popular por las calles de Calidonia
  • domingo 15 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

El día que me encontré con el ‘Diablo' caminaba sin rumbo fijo por las calles de Calidonia como suelo hacerlo algunas veces, sobre todo el día que no quiero tomar un metro y prefiero caminar hacia el periódico. La caminata, además de servirme para hacer ejercicio y me permite estudiar el comportamiento de la gente en la calle.

En eso andaba, esperando en la esquina de una calle que se cambiara la luz verde del semáforo (para peatones), para cruzar la calle, cuando alguien a mi lado comentó:

-Allí está el Diablo.

-¿Qué diablo?- me pregunté mentalmente. Pensé que la persona se había vuelto loca y estaba viendo alucinaciones.

Miré por todas partes y fue entonces cuando también lo vi. El Diablo estaba escarbando dentro de un inmenso tanque de basura y su piel oscura brillaba con los rayos del sol.

Vestía un pantalón corto y su cuerpo desnudo estaba cubierto todo de alquitrán.

En la mano sostenía dos regletas metálicas que parecían cuchillos. La gente lo miraba por curiosidad y otras con terror. Evitaban acercarse a él.

De pronto caminó hacia una calle más abajo y se detuvo en otro tanque de basura.

Una muchacha que venía en vía contraria a él, al verlo, casi pega el grito al cielo, se persignó y se hizo a un lado, no fuera que el Diablo se la llevara.

Decidí seguirlo. Caminé detrás de él y cuando se detuvo a escudriñar el basurero de donde sacaba bolsas y toda clase de desperdicios, me le acerqué.

-¿Qué tal?- le pregunté.

El ‘Diablo' me miró fijamente y me mostró su cara blanca con su eterna sonrisa.

-Me recuerdas a un famoso personaje que siempre anda pintado de plateado- le dije.

El ‘Diablo' se rió y posó su mirada sobre mí.

-Yo mismo soy- me dijo, lo que pasa que hoy estoy haciendo el papel de ‘Diablo'.

-Ahh, ¿cómo estás?

-Bien.

-Dime una cosa, ¿esa pintura que te pones en el cuerpo no te hace daño?

El ‘Diablo' volvió a dibujar su sonrisa detrás de la máscara.

-¡Qué va! La pintura me alimenta, me da fuerzas.

Entonces lo recordé una vez cuando una noche que salí a repartir sopa y arroz a los indigentes de Calidonia, lo vi dormido en el suelo cerca de la puerta de un almacén embaturrado de pintura blanca.

Esa noche me le acerqué con cuidado para no despertarlo y le puse el plato de sopa y arroz.

-¿Cuál es tu nombre completo?- le pregunto.

-Roberto Stevenson Johnson, me dice el ‘Diablo', nací en África y fui esclavo.

Cuando le pregunto dónde vive, el ‘Diablo' me asegura que por todas partes, por dónde lo agarre la noche.

-¿Nunca te quitas la pintura?

-No- dice tajantemente.

El ‘Diablo' dice que anda solo por el mundo, su familia murió y por eso recorre las calles para sobrevivir.

Le digo que quiero tomarle un par de fotos y me muestra su talento histriónico.

Los transeúntes nos observan y se preguntan dónde habrá salido este hombre que se gana la vida disfrazado de ‘Diablo'.

Le doy las gracias.

-Buena suerte- le digo.

-Hasta luego- me dice.

Me despido de él y lo veo perdiéndose por las calles de la ciudad. ¿Quién sabe dónde la noche agarrará hoy al ‘Diablo'?