El negro colonial en Panamá (II parte)

La población negra se extendió en regiones clave del istmo panameño como Panamá, Natá, y Veraguas
  • sábado 30 de mayo de 2026 - 12:00 AM

La presencia de la población negra se extendió progresivamente tanto en la ciudad como en el interior del territorio istmeño, especialmente en tres regiones fundamentales para la expansión colonial española: Panamá, Natá y Nombre de Dios. Cada uno de estos espacios desempeñó un papel estratégico dentro del proceso de conquista y colonización del istmo. Natá se consolidó, principalmente, como una zona de haciendas productoras de alimentos y de avituallamiento destinadas a sostener la economía colonial y las expediciones españolas. Por su parte, en Veraguas comenzó a desarrollarse un proceso de poblamiento que, aunque inicialmente lento, adquirió importancia debido a las actividades económicas vinculadas a la explotación minera. En este contexto, regiones como Los Santos, Natá y Santa Fe establecieron vínculos económicos y territoriales que favorecieron la consolidación del dominio colonial.

Veraguas orientó buena parte de su dinámica económica hacia la explotación minera, actividad que demandó una creciente fuerza de trabajo. Cuando comenzó a evidenciarse la disminución de la población indígena destinada a los repartimientos en Nombre de Dios, los negros esclavizados pasaron a ocupar progresivamente ese espacio laboral, convirtiéndose en una fuerza esencial para el sostenimiento de la economía colonial en la región.

La pregunta sobre por qué aumentó la utilización de la mano de obra negra en el periodo colonial encuentra una respuesta clara en el progresivo agotamiento de la población indígena y en el debilitamiento del sistema de encomiendas, pese a los constantes reclamos de los encomenderos. La disminución demográfica indígena provocó que su presencia fuera desapareciendo gradualmente de la realidad económica colonial, obligando a las autoridades y sectores productivos a sustituir esa fuerza laboral por población africana esclavizada.

En este sentido, resulta importante mencionar el señalamiento de Alfredo Castillero Calvo, quien indica que “solo había en 1537 en la ciudad de Panamá 500 indios, y se fue difuminando; en 1544 se redujo a 120. En la región de Acla había aproximadamente 100 indios”. De ello se colige que el trabajo indígena sería inexorablemente reemplazado por la mano de obra negra (Alfredo Castillero Calvo, Estructuras sociales y económicas de Veraguas desde sus orígenes, siglos XVI y XVII, p. 67).

No obstante, en determinadas regiones, los indígenas continuaron desempeñando labores específicas dentro de la economía colonial. En zonas como Natá, muchos fueron destinados, principalmente, a oficios domésticos y actividades relacionadas con la cría de ganado, mientras que la población negra esclavizada pasó a ocupar los trabajos más pesados y estratégicos para el sostenimiento de la estructura económica colonial.

Posteriormente, el negro colonial fue desplazado hacia las regiones del interior del territorio panameño, de acuerdo con las necesidades de mano de obra impuestas por las autoridades coloniales. Este traslado se realizó, en muchos casos, en grupos familiares. En el caso específico de la región de Los Santos, para el año 1575 se registraba la existencia de aproximadamente 300 negros coloniales.

Asimismo, existen elementos que evidencian procesos de interacción cultural y lingüística entre diversos grupos humanos. En este sentido, Alfredo Castillero Calvo señala que, en poblaciones como Chepo, los indígenas llegaron a perder parcialmente su lengua materna y comenzaron a comunicarse en castellano, aunque de manera limitada o entremezclada. Situaciones similares ocurrieron también en Penonomé y Parita.

Armando Fortune, en su obra, nos introduce en ese complejo universo de la esclavitud y señala lo siguiente: “Ante las constantes fugas de los esclavos y para evitar que se sublevaran y se unieran a los cimarrones y para hacerles la vida más +llevadera ... y se animasen a trabajar ... dando a su dueño veinte marcos de oro por la condición y edad de cada uno” (Armando Fortune, Obras selectas, compilación y prólogo de Gerardo Maloney, p. 231).

Mencionemos el caso del virrey D. Antonio de Mendoza, quien experimentó la siguiente situación durante su traslado desde Nueva España hacia el Virreinato del Perú: “fue trasladado desde Nueva España al Virreinato del Perú. A su paso por la ciudad de Panamá, el Virrey tropezó con grandes inconvenientes entre los que figuraron la poca seguridad que presentaba para el viajero la enorme cantidad de cimarrones en rebeldía que estaban en el Camino Real; el disgusto que experimentó al ver pasar a su lado, por las calles de Panamá, a mujeres semidesnudas, especialmente negras y mulatas, las cuales de manera excitante movían con ritmo cadencioso sus hombros y caderas... algunos miembros del clero en el ambiente tropical y caldeado de la ciudad de Panamá” (Luis A. Diez Castillo, Los cimarrones y los negros antillanos en Panamá, p. 5).

El ingenio y la creatividad de las poblaciones en la consolidación de los palenques.“La cultura Congo tiene sus raíces en la época colonial, cuando los africanos esclavizados encontraron en la música, la danza y la expresión corporal una forma de resistencia contra la opresión” (Revista Ellas, “Reina Congo. La cultura sobrevive en el corazón de cada panameño”).

La cultura Congo tiene sus raíces en la época colonial, cuando los africanos esclavizados encontraron
en la música, la danza y la expresión corporal una forma de resistencia contra la opresión.