- jueves 06 de enero de 2022 - 12:00 AM
En 1918 escribí en Revista Lotería la biografía de Mario Augusto Rodríguez (1917-2009). Hoy retomo las novelas de la invasión. Esta vez nos centraremos al aporte que ha hecho a la narrativa de la invasión. En su colección literaria tienes dos obras relacionadas con la narrativa de la invasión: Negra pesadilla roja (1993) y Los ultrajados: cuentos de la invasión... y de otros tiempos (1994). En este breve artículo ensayístico nos enfocaremos solo en la primera.
Negra pesadilla roja es una novela publicada tres años después de la invasión norteamericana de 1989. Es una novela que, a pesar de que maneja la técnica testimonial por el nivel de veridicción con los hechos ocurridos en esa época, recurre a las estrategias narrativas que evita que su novela caiga en una simple documentación novelada.
Mario Augusto Rodríguez arma la estructura narrativa de esta obra en dos partes bien cohesionados con la temática de la invasión: La primera que caracteriza la experiencia individual de cada personaje durante la invasión y las afectaciones psicológicas producto de la invasión. La segunda parte muestra el estado de confusión de los personajes que deja en sus ánimos las primeras detonaciones de las bombas.
De esta forma, podemos relacionar el título de esta novela con el estado de confusión y pesadilla que afecta a los personajes. El hábil manejo que hace Mario Augusto Rodríguez de las experiencias individuales y la confusión colectiva que se transforma en pesadilla se advierte en los subtitulos de cada capítulo de la novela como "Vandalismo ", "Consternación", "Aturdimiento", "Sometimiento' y "El entreguismo".
Toda la trama de esta novela se configura mediante la evolución de las pesadillas de los personajes que presencian sus propias muertes o las de sus familiares para describir cómo la invasión fue deteriorando emocionalmente a los chorrilleros.
Por eso nos parece apropiado que Mario Augusto Rodríguez haya empleado la estrategia narrativa directa debido a que –como lectores- nos conectamos directamente con las experiencias y las impresiones traumáticas que padecen los personajes.
También hay que recalcar la temática de las intervenciones norteamericanas donde muchos de nuestros gobernantes ha sido responsables como lo manifiesta el narrador: "Lo más triste es que los gobernantes y los políticos se ponen de rodillas para pedirles y suplicarles" (p. 190)
La relación de la pesadilla de los personajes también está relacionada con la destrucción de sus viviendas en El Chorrillo. Manuel, el delincuente, por ejemplo, ve su barrio destruido y siente que le han destrozado parte de su alma: Este es nuestro barrio. Aquí nacimos. Aquí crecimos. Aún así, destruido, quemado, en ruinas, lo conocemos más y mejor que nadie. Somos chorrilleros. Por eso, encontramos la manera de burlar la vigilancia de las patrullas militares.
Nos encontramos entre los montones de ruinas y de escombros. Nos encontramos debajo de las hojas de zinc, medio quemadas. Pasamos por encima de la basura que se amontona en las aceras y en las calles. (Negra pesadilla roja p. 137)Esta novela nos describe los hechos traumáticos de la invasión y de cómo esto se proyecta en las conciencias y en la parte onírica de los personajes, quienes desde sus propias pesadillas proyectan la imagen de la invasión concebida como un proceso de aniquilación, asimilación y resignación.
Negra pesadilla roja, por ende, es una novela que pone en situación límite a sus personajes sometidos a un proceso de degradación de la conciencia y en donde no hay forma de escaparse a este proceso de degradación y tampoco hay posibilidades de una luz de esperanza para reivindicarse social y moralmente en un contexto donde el poder imperial no permite cualquier acción reivindicadora, porque la invasión ha destruido no solo sus viviendas sino su ideología, su esperanza, para dejarlos sumido en la inconsciencia colectiva. Por ello, los personajes de Negra pesadilla roja es una metáfora de la actitud pesimista de los personajes frente a la lucha en defensa de la patria, pero traza una línea fatalista de la derrota que, de forma inconsciente, ya estaba destinado en la conciencia de los personajes antes de la invasión.
Para concluir, hay que destacar que el hilo conductor ideológico de esta novela de Mario Augusto Rodríguez no es la invasión en sí como un acontecimiento militar, sino la actitud fatalista y de conformismo del hombre panameño ante la pesadilla de la invasión. Esto se explica en el sentido de que los atropellos que hemos sufrido históricamente desde el siglo XIX nos han sumido en fatalismos como víctimas condenadas a vivir bajo la sujeción del imperio norteamericano. Todo un plan montado y ejecutado por la CIA, Pentágono o Departamento de Estado, que le dieron poder al narco dictador agente de la CIA, quien se opuso al cierre de la Escuela de las Américas. Tonto útil que les hizo el trabajo de acabar con el nacionalismo panameño. Ellos seguirán teniendo siempre sus tantos útiles con el recambio de civiles.