9 de enero de 1964 III Parte
- domingo 16 de febrero de 2020 - 12:00 AM
Seguían cayendo los panameños y no hubo tregua durante tres días. Los datos de los que se inmolaron se encuentran en una extensa lista de baleados, heridos y muertos de los hospitales Santo Tomás, Seguro Social y Amador Guerrero.
La solidaridad de los médicos, enfermeras y el pueblo panameño fue sorprendente. El plomo caliente entraba hasta el alma y no hizo omisión de sexo o edad. El humo de gases causaba asfixia y afectaba a los residentes y los niños de las áreas aledañas.
Lo anterior se demuestra en los exámenes forenses. Es el caso de Alabarca Ávila Maritza ya mencionado en el artículo anterior. A lo que agregó el examen final se extrae del diagnóstico de la muerte: ‘Pericarditis con derrame con edema agudo del pulmón, fallo cardio-repiratorio. Probablemente la exposición a los gases lacrimógenos ha sido la causa'. (Anexo II protocolo de la autopsia ciudad de Colón).
En los informes de los casos admitidos en el Hospital Santo Tomás, Seguro Social y Amador Guerrero del 9 al 12 de enero se encuentran registrados los muertos y heridos.
Aquí cabe mencionar el caso de Alejandro Peralta Quintana de 15 años, estudiante del Instituto Nacional, admitido en el Hospital del Seguro Social el 9 de enero a las 9: 50 de la noche hospitalizado por ‘herida de penetrante hemitórax izquierdo', (Anexo III P. 1). La bala le afectó el pulmón. También existe una lista de infantes afectados Luis Enrique Ávila atendido en el Hospital Amador Guerrero, afectada por ‘sofocación de gas lacrimógeno', (Anexo IV).
Los informes médicos arrojan afectación de infantes, estudiantes, trabajadores y personas de tercera edad, quienes estaban entre heridos y muertos en su conjunto por penetración de balas, perdigones, gas lacrimógeno y herida por bayonetas. Este último caso, se evidenció en Colón en Mario Camarena Betegón, de 35 años, quien fue admitido al hospital el 9 de enero a las 10 de la noche. El examen muestra ‘culatazo con bayoneta y herida en sien derecha al igual que en el riñón derecho'. (Anexo IV p. 3).
Con esto se deduce que el enfrentamiento con las tropas norteamericanas en Colón fue cuerpo a cuerpo. Luego fueron replegados los manifestantes por tiros y gases lacrimógenos, mientras los grupos de colonenses se reagrupaban y volvían avanzar hacía las tropas extranjeras. ¡Que heroísmo!
En los hospitales llegaban las ambulancias y carros particulares cargados de heridos. Según el informe, además de Mario Camarena, se destacan ‘ocho personas', por heridas de culatazos y bayoneta. Entre ellas: Franklin Chen, Lorenzo Galván, Inocencio Garibaldi, Daniel Góndola, Ulises Martínez Alvarado, Cecilio Mata, José Guillermo Mckenzie y Julio Ramírez. Este último llegó inconsciente al Hospital.
Con la refriega y el enfrentamiento cuerpo a cuerpo, respondieron los gringos con gases lacrimógenos, perdigones y balas. Esto se evidencia en el hecho de que Franklin Chen recibió en la espalda 2 bayonetazos y golpe por la culata de rifle. Era la madrugada del 10 y los enfrentamientos continuaban. A las 7 de la mañana, se escucha por la radio que el gobierno de Chiari remite orden a su cuerpo diplomático que denuncie ante la OEA y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Las calles en la ciudad de Panamá y Colón se convierten en un infierno. Estudiantes y los residentes de la ciudad, aún el 10, tratan de cruzar la cerca. En los hospitales reinan la desesperación y el pánico. Se hace el llamado por la radio solicitando donaciones de sangre.
Enfermeras y médicos no se dan abasto para atender a los caídos. En los hospitales, se hacen largas filas de heridos en camillas y la sangre chorrea por los pisos. Los gritos de dolor por los heridos son desgarradores. Cuerpos mutilados e inconscientes son llevados en condiciones de riesgo. Muchos de ellos, antes de llegar al hospital fallecen por lo certero de los disparos que les destrozaron los órganos internos.
Las hemorragias como resultado de las heridas de balas, eran cubiertas por la propia ropa de los caídos y las madres y padres de los institutores alarmados buscaban a sus hijos en las calles adyacentes a la zona y en los hospitales.
Cuerpos lacerados y niños ahogándose por los gases lacrimógenos, ancianos intentando salir del área de conflicto con dificultades para caminar: esto era el cuadro de confusión y rebeldía que se asomaba en las calles donde se apretaban los cuerpos que ante los tiros alzaban la bandera nacional.
El plomo de la metralla rasante replica en la carne y unos caían y levantaban los cuerpos. Nuevos batallones de panameños airados agitaban la bandera e intentaban llegar a Balboa y un grupo llega hasta el antiguo YMCA.
Mientras otro grupo hizo arder el edificio de la Panamerican y con escasas armas disparaban contra la tropa invasora. El reloj marcaba las 10 y 45.
El presidente Chiari rechaza el ataque y, luego, anuncia el rompimiento de la relaciones diplomáticas con los Estados Unidos. La pulsión de la fuerza y la osadía patriótica explotaba en llanto y tiros.
Las bombas laceraban pulmones, brazos y piernas perforadas por el plomo, de los panameños valientes; pero el invasor no pudo vencer ese alma aguerrido de un pueblo nacionalista.